sábado, 23 de mayo de 2015

Aprendizaje madurescente y memoria

Imagen: Railastur

Entre los carriles de las vías del tren, crecen flores suicidas. Ramón Gómez de la Serna

(Escrito en el tren de vuelta el 22/05/2015)


Metacognición.


Me gusta viajar en el AVE. Y esta mañana a las 6:20 h, más dormida que despierta, he partido hacia Madrid. Y lo del sueño no es baladí. El estrés que me ha provocado el madrugón ha hecho que olvide en casa mis recién estrenadas gafas progresivas y me condene, de esta manera, a mirar el paisaje en lugar de trabajar desde mi smartphone en el que sólo veía manchones indefinidos.

Tampoco he podido dormir durante el viaje porque el grupo que viajaba a mi lado ha estado elaborando la estrategia de intervención de la Delegación de Cataluña en la reunión anual de su empresa en Madrid. Además de indiscretos, ruidosos, y he podido conocer de primera mano, mejor dicho, de primer grito, sus opiniones sobre los jefes nacionales, sobre sus colegas de otras delegaciones, sobre sus empresas competidoras y hasta he sabido qué votarán el próximo domingo. ¡Cosas del AVE...! Pareciera que uno es más importante cuanto más y más alto habla.

Así que me he dedicado a la vida contemplativa y he sido testigo de una espectacular salida de sol en un cielo completamente azul, el paso de un paisaje plagado de huertas a uno desértico, he comprobado que la primavera ha alcanzado todo su esplendor en forma de campos cuajados de miles de amapolas, y apenas vislumbrado la tristeza de las estaciones de tren en las que no para el AVE.

Lo más curioso del viaje ha sido tener que recurrir de nuevo, después de un montón de tiempo, a la memoria para repasar mentalmente tres o cuatro veces al menos la charla que me ha llevado a Madrid en la que hablo de innovación en la formación y el aprendizaje en la empresa.

Al llegar al lugar donde se desarrollaba el Congreso no las tenía todas conmigo: acostumbro a repasar mis intervenciones marcando el avance y el cambio de tema en sintonía con el cambio de "slide", pero hoy este recurso era inviable: en mi smartphone una macha grisácea me impedía que viera con nitidez de qué iba cada diapositiva, cada imagen, cada texto.

Pero, ¡oh, sorpresa!, mi intervención de hoy me ha parecido más estructurada que nunca y de hecho así me lo han manifestado alguno de los asistentes: ¡Qué bien hilado el discurso!¡Cómo pasas de un concepto a otro! Y hablaban de mí (!?) que me gusta dejar volar mi imaginación para adaptarme al máximo a lo que me comunica el grupo que tengo delante...

Pasado por el tamiz de la memoria el discurso se ordenaba y parecía que tenía las ideas más claras que nunca, ¡sorprendente!

No por ello he perdido espontaneidad. Antes al contrario, los refuerzos mnemotécnicos me han dado una seguridad tal, que me he permitido el lujo de salir y entrar del hilo conductor con más libertad que otras veces en las que la sucesión de diapositivas era, en realidad, quien marcaba el ritmo  y no el libre discurrir del pensamiento.

¿Se debe a que fue mi manera habitual de aprender cuando niña? O ¿realmente la memoria es todavía un recurso valioso en la era de Google? ¿A qué se debe ese continuo desprestigio de la memoria como recurso de aprendizaje?

En mi intento de estar a la última tecnológicamente hablando, había abandonado por completo el ejercicio de la memoria y descubro ahora (hélas!), que sigue siendo un potente recurso para ordenar el pensamiento. La memoria ha marcado la narrativa del discurso, el hilo conductor, la lógica interna y el tránsito natural de un concepto a otro.

                           

lunes, 18 de mayo de 2015

Golden Workers Aprendices: de la escuela industrial al aprendizaje ubicuo.

Imagen: Irina Werning

Hay dos clases de innovación: una horizontal que consiste en cambiar la respuesta (evolución) y otra vertical que consiste en cambiar la pregunta (revolución). Jorge Wagensberg

Me siento frente al ordenador. Estoy preparando un artículo sobre "La Gestión de la Edad". Es un tema novedoso que será de urgente abordaje dentro de nada para muchas empresas y organizaciones, pero que ahora, sumergidos como estamos en salir de esta crisis económica a base de recortes, ERES, reducciones de plantillas y demás parches dolorosos..., nadie siente como urgente.

Aprender sobre algo de lo que nadie habla, que nadie aborda, tiene sus dificultades, pero es el signo de los tiempos: Tenemos que estar preparados para trabajos que aún hoy no existen, con herramientas que no hemos desarrollado, para resolver problemas que aún no están planteados. Y el del envejecimiento de la población es un problema que ya está sobre la mesa de muchas empresas pero que apenas nadie sabe cómo afrontarlo.

Y frente al ordenador, abro Google y comienzo mi búsqueda. Paso la mañana de Google a YouTube y de Scoop.it a Feedly, entresacando frases, cifras, esquemas... ideas... que recojo en un documento en la nube.

Consulto blogs, revistas online, escribo un par de correos pidiendo ayuda y opinión... 

Ni un vistazo a mi librería, no consulto mis viejos apuntes y posts sobre el tema, ni se me ocurre pasar por una biblioteca... Parece que sólo me interesa lo último de lo último, entierro cualquier dato que no pueda consultar ya mismo desde mi Mac o desde mi smartphone.. 

Es como si a lo que no puedo acceder a través de internet hubiera perdido interés o estuviera obsoleto por el simple hecho de no ser recuperable a través de la red de redes.

Mi nueva manera de acceder a la información hace que pierda la profundidad que tenía sumergirte en un texto, lápiz en mano, tocando papel, dejando el libro o la revista sobre la falda para mirar hacia adentro y fijar en la memoria lo recién leído. Ahora anoto en una pequeña libreta el enlace y tal vez el autor o el título para poder recuperar la información en caso de necesidad, pero ni eso es necesario, recurro más a menudo a lo anotado al historial de búsquedas o a revisar mi lector de feeds.

Esos cambios en mi manera de aprender han sido progresivos e imperceptibles, he incorporado herramientas y recursos tecnológicos sin apenas darme cuenta, fruto de una evolución natural dirigida por la comodidad, la urgencia, la practicidad... Aprendo de forma diferente...

Pero es más necesario que nunca aprender, es imprescindible para seguir en la brecha, conocer dónde se halla la información, quién sabe de ese tema que te traes entre ceja y ceja, con quién conversar para contrastar opiniones y creencias. 

En todo momento, en todo lugar, para cualquier problema o duda que surja en el camino debo poder acceder a la información necesaria para continuar creciendo, desarrollándome, porque mientras siga aprendiendo, mientras mantenga la curiosidad... proseguiré mi viaje profesional.

Y lo que han traído estos tiempos líquidos es la necesidad de armarnos de nuevos conocimientos y habilidades para poder abordar sin miedo y con ilusión los nuevos retos que nos depare el día.



Imagen: www.fotolog.com
Solo cabe una posibilidad: prepararnos para la incertidumbre. Desarrollar competencias que nos permitan localizar información de calidad y compañeros para la aventura del aprendizaje. Aprender a filtrar la información, leerla críticamente, compartirla. Saber enfrentarnos a preguntas, encontrar respuestas y generar nuevas preguntas. Y transferir lo aprendido a situaciones novedosas, y reflexionar sobre la experiencia vivida. Eso es hoy aprender.

Fernando Trujillo




sábado, 9 de mayo de 2015

Sentirnos sentidos: el wifi emocional y el smartphone


Imagen: http://www.tuyafm.com/escribir-por-celular-altera-modo-de-caminar-y-pone-en-riesgo-a-los-peatones/google4d8dd7323dfd08b1.html

El crecimiento se acelera con cada generación de conectividad. Javier Creus - Ideas for change

Cuando algo me sale mal, cuando alguien me hace daño, cuando me siento aburrida, cuando estoy enfadada, cuando me siento sola, cuando temo algo, cuando me siento pletórica, cuando algo me sale bien, cuando veo algo curioso..., saco mi smartphone del bolso o del bolsillo y, ya sea en WhatsApp, en Twitter, en Instagram, en Facebook..., busco sentir la compañía de otros.

No espero respuesta, sólo sentirme sentida. Tengo siempre conectada mi wifi emocional, como diría Alberto Barbero

Está Internet lleno de posts que alertan del peligro de estar siempre conectado, que animan a desconectar el móvil y mirar a los ojos de la gente; y yo no puedo estar más de acuerdo. 

Pero apenas nadie aplaude cómo crezco cuando conecto en red, como siembran en mí pensamientos y sentimientos los otros a los que sigo en la red, la proximidad emocional que me proporciona una conversación en Twitter o en Facebook.

He creado potentes vínculos profesionales en Linkedin y me siento parte de una tribu de knowmads que aprenden caminando, que comparten y cocrean en la proximidad de las redes.

En la soledad compartida de un vagón de metro, participo en la asamblea diaria de Twitter y respondo a nuestras comunes inquietudes.

Estoy conectada. Me siento sentida. 

domingo, 3 de mayo de 2015

Los nuevos formadores internos como agentes de cambio.


Imagen: The New School

Necesitamos más "agentes de cambio".

¿Por qué formadores internos? Cultura interna y oficio.


Mi primer impulso, la primera iniciativa, el primer paso que he dado siempre en todas las organizaciones en las que he trabajado, ha sido organizar (cuando no lo había) o desarrollar un equipo de formadores internos.

En todas las ocasiones ese equipo ha sido una fuente de energía y motivación para plantillas quemadas, aburridas, desafectadas... 

Formadores, mentores, tutores, dinamizadores..., se les llame como se les llame, su función principal es la de ser puente que une a los profesionales con los valores de la empresa y pieza principal en la "gestión del cambio".

Mucho han cambiado las cosas desde mis primeros pinitos en la formación de formadores y fundamentalmente ha cambiado una cosa: en la era de la información, en la era digital aprendemos de otra manera: necesariamente debemos incorporar nueva información a nuestro conocimiento profesional para mantenernos actualizados y eso hace que accedamos al conocimiento más allá de las aulas y las sesiones formativas presenciales.

Siempre fue así, pero ahora lo es mucho más y aprendemos de los colegas, googleando, en YouTube... aprendizaje informal en fin, en un porcentaje que ronda para muchos autores el 80%.

Los tradicionales "planes de formación" de las empresas evolucionan muy lentamente hacia el desarrollo de Entornos Personales de Aprendizaje (EPA) y Redes Sociales Corporativas (Comunidades de Aprendizaje) que permiten agrupar todo ese conocimiento interno y darle difusión a toda la organización. 

¿Dónde queda el papel del formador interno en este panorama?

Teniendo esto en cuenta, he empezado a darle vueltas a los cambios a introducir en las tradicionales sesiones de formación de formadores que se llevan a cabo en todas las organizaciones que disponen de formadores internos. Y después de varias acciones de prueba y observación veo que:


Los nuevos formadores llevan su smartphone en el bolsillo y, como el resto de los mortales, al finalizar una sesión con el resto de formadores de la empresa, organizan un grupo en WhatsApp que servirá para seguir en contacto y cohesionar el grupo, hará que cada formador se sienta miembro de un equipo, desarrolle el sentimiento de pertenencia a un clan.



Los nuevos formadores no le temen a la "Flipped classroom", la clase invertida y se graban en vídeo para que los futuros participantes de una acción formativa de la que son responsables, sepan de ellos, conozcan la voz y las maneras de quien conducirá las sesiones tanto si son presenciales como virtuales. Graban también "demos" y "tutoriales" que resumen o complementan los aspectos principales que se trabajen en las sesiones.



Los nuevos formadores saben jugar , aplauden los logros de los participantes en el juego del aprendizaje estimulando la superación de retos, preguntan continuamente e incorporan las respuestas al contenido de la sesión, ayudan a la gente a sacar sus propias conclusiones y a que las compartan con los otros.


Los nuevos formadores predican con el ejemplo y se mantienen al día en su profesión alertando información en Internet (RSS), participando en las redes sociales en las que se hallan sus colegas de profesión (LinkedIn), probando nuevos recursos que permitan un acceso especializado y filtrado a la información (content curation), manteniendo permanentemente el espíritu de "aprendiz".


Los nuevos formadores diversifican recursos y ritmos, ya que tienen en cuenta que no todo el mundo se mueve a la misma velocidad, ni aprende de la misma manera. Intenta individualizar su relación con los participantes a través de la comunidad de aprendizaje (Red Social Corporativa) que abre para sus "alumnos" en Internet y que le permitirá seguir en contacto tanto individual como grupal con el grupo de participantes y en la que promoverá el intercambio de experiencia, buenas prácticas y conocimiento entre sus miembros.


Los nuevos formadores, en fin, estimulan y entrenan en el trabajo colaborativo, la innovación, el aprendizaje permanente y el compromiso con la organización, siendo los principales "agentes de cambio".