De "madurescentes" a "población de riesgo". COVID19 y trabajadores +50... Apostando por el #reskilling.


talento sénior


Hasta hace tres meses, aproximadamente, hablábamos de la aparición de un nuevo ciclo vital que aunaba experiencia y salud, la nueva madurez... Sin concretar franjas de edad, sí se refería a esa etapa que no existía en el siglo XX en la que la "vejez"se sigue viendo como algo lejano porque cumplir años no supone todavía deterioro ni enfermedad, sino conocimiento y compromiso.

Hablábamos de esa franja que oscila entre los 50 y los 75 años en un país como el nuestro que se había situado en los 82 años de esperanza de vida, con índices de natalidad por debajo de 2, todo apuntaba a que los trabajadores maduros inevitablemente constituirían la nueva mayoría en los centros de trabajo..

Pero llegó el COVID19 y alteró completamente el discurso que empezaba a emerger de denuncia del #edadismo y reivindicación del talento sénior. De repente, los mayores de 50 años nos convertimos en "población de riesgo" y los mayores de 60 en "viejos", o con el eufemismo que utilizan los medios de comunicación en "nuestros mayores". 

Ese "nuestros" me despersonaliza y homogeneiza, me mete en un saco en el que el resto de la sociedad me coloca el cartel de "frágil", cuando yo no soy de nadie, y mi valor seguramente como profesional es ser "diferente", con una historia y una experiencia únicas y como yo, todos los "mayores", ya que el paso del tiempo nos otorga relatos diferentes, y nada hay más heterogéneo que el colectivo de los llamados "mayores". Esta heterogeneidad imposibilita meternos a todos en el mismo saco del deterioro, la fragilidad y el riesgo de contagio.




Revisar mi propio proceso durante el confinamiento me hace reflexionar sobre el futuro de los trabajadores de +50 y me reafirma en mi convicción de que es imprescindible iniciar una segunda (¿tercera, cuarta...?) carrera, transformar en algo nuevo aquello que venimos haciendo desde hace tanto..., y que mantenerse curioso y proactivo es lo que marcará seguramente la diferencia entre los que sigan surfeando en el mercado laboral y los que irremediablemente tiren la toalla e inicien el camino del "retiro".

Y aunque tengo claro esta necesaria transformación me pregunto revisando algunos de los desfallecimientos y "bajones" de estos días atrás...
¿Los trabajadores mayores querrán volver al mercado laboral después de la pandemia?
¿Aparecerán nuevas regulaciones laborales que lo dificultarán excusándose en temas de prevención de la salud?
¿Existe realmente la brecha digital que dificulta a los trabajadores mayores teletrabajar?
¿Al incorporarse de nuevo a su trabajo los trabajadores mayores requerirán programas específicos de rehabilitación?
¿El pasar a población de riesgo, incrementará el edadismo (discriminación por edad) en las empresas?
¿Podrá acogerse, quien así lo desee,  a medidas de trabajo flexible o a tiempo parcial?
¿Planificarán las empresas, por fin, planes de Gestión de la Edad, sucesión y desvinculación de los trabajadores mayores?

La discriminación por edad después de la pandemia podría volverse más desenfrenada que hasta ahora ante un mercado laboral destrozado. 

Así que nunca mejor traído que ahora... hay que curarse en salud, dejar de lamentarse, e iniciar el camino de la transformación tanto dentro de la empresa en la que trabajamos, como si hemos perdido el trabajo, o si trabajamos por cuenta propia.

Es buen momento para hacer balance y reconsiderar nuestra carrera profesional, y aunque en una situación como la actual, que sentimos amenazante, tendemos a comportarnos de manera conservadora, es imprescindible iniciar nuestra transformación profesional.

La pandemia nos ha situado durante casi tres meses en un limbo indeterminado que oscilaba entre la necesidad de abandonar hábitos, usos y costumbres preCovid19 y la tendencia a aferrarnos a lo conocido. Pero el tiempo de inactividad está a punto de finalizar, si no lo ha hecho ya, y toca iniciar el tiempo de exploración de nuevas oportunidades que activen nuestra voluntad de cambio y reinvención de nuestra carrera profesional.

En este proceso transformador barajaremos varios posibles caminos, accederemos a diversos recursos y aprendizajes, compararemos y contrastaremos la facilidad o dificultad, las ventajas e inconvenientes de esos nuevos caminos que nos conducen a una nueva carrera acorde con la nueva realidad, con nuestra experiencia y con nuestras expectativas de futuro.

Seguramente el progresivo y gradual retorno a la cotidianidad nos deje espacio para dedicar tiempo a proyectos que quedaron hace tiempo en un cajón, ideas que no llegaron a germinar, recursos y tecnologías nuevas en las que ahora podremos profundizar.

Es tiempo también, en esta exploración de nuevos caminos, de activar nuevos contactos o contactos que perdimos por el camino y con los que hace mucho tiempo que no tenemos contacto o, intensificar la relación con los llamados "vínculos débiles", esas personas a las que no vemos a menudo, que conocemos superficialmente o que etiquetamos con el nombre de "conocidos" y que nos abrirán puertas y ventanas a nuevas realidades, nuevos escenarios, nuevas visiones..., diferentes a las archiconocidas de nuestro círculo de amigos, familiares y colegas. 

Y tener la mirada puesta en las nuevas posibles realidades que irán apareciendo. Observar si se confirma la desglobalización de la industria y la demanda de trabajo que eso puede suponer (impresión 3D, transporte y distribución, gestión de stocks, digitalización de la venta...).  

La pandemia no ha destruido edificios, carreteras, máquinas, esta es una crisis que afecta a las personas, a la forma de organizarse, comunicarse y trabajar, a la definición de los trabajos y servicios imprescindibles y este es el punto de partida para iniciar la exploración de nuestro futuro productivo.




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