domingo, 27 de abril de 2014

La revolución de los Golden Workers. Capítulo 3: La historia de Pedro



Imágenes: EBaddeley 
EBaddeley
Dafne decide ir a verle, después de visitar a fondo la web de la empresa de Pedro, en la que hay cientos de artículos sobre los llamados “Trabajadores de oro”, o sea, trabajadores maduros que quieren seguir en la brecha, estudios sobre demografía y envejecimiento de la población en Europa, recursos para compartir entre seniors autónomos, un blog en el que escribe sobre todo el propio Pedro... vaya ¡una mina para Dafne!


Decide dejarse de Internet y visitar a Pedro. Al parecer no tiene despacho propio, comparte un espacio con otros profesionales senior como él en un piso del Ensanche (coworking, lo llaman ahora). Sale más barato y en ocasiones, le cuenta Pedro, comparten mucho más que el ADSL y la impresora, colaboran puntualmente en proyectos que requieren de diferentes perfiles. 
Pedro es muy sincero con Dafne: Está empezando, llega justísimo a fin de mes y ha reducido drásticamente sus gastos hasta el punto que comer fuera de casa un menú de los baratitos, se ha convertido en un lujo que sólo puede permitirse un día a la semana.
Los últimos meses han sido muy duros . En primer lugar por la competencia: Barcelona está llena de “Golden Workers”, profesionales de más de 50 años, recién expulsados del mercado laboral sea por un ERE, sea por otras causas, que se reconvierten en “consultores”, “coaches”, “formadores”, “speakers”... Te los encuentras hasta en la sopa, al salir de una reunión con un posible cliente, reconoces en la sala de espera a Marcos, que hasta hace un mes fue director de recursos humanos en una importante multinacional, al asistir a una conferencia sobre la importancia de las redes sociales, te ves rodeado de colegas que, como tú, se han visto obligados a la emprendeduría forzosa, que es como ahora le llaman a estar desempleado; asistiendo a un taller sobre marketing descubres que María, que hasta hace dos días era una respetada project manager, ha dejado su trabajo de toda la vida y ha montado un bar en el que además se imparten talleres de ganchillo y patchwork ... ¡legiones de ex-empleados buscando clientes, una pesadilla!
Todos ellos, expertos en materias y especialidades en vías de extinción, a los que la intensa dedicación a su trabajo, (grave defecto de los babyboomers, como nosotros, que pusimos todos los huevos en la misma cesta, el trabajo), les ha impedido invertir en sí mismos y actualizar sus conocimientos, aprender constantemente y adecuarse a las necesidades actuales. Somos un desastre con la tecnología y hemos sido educados para “permanecer” en un puesto de trabajo por cuenta ajena, no para, como los juncos, adaptarnos a nuevas funciones, nuevas profesiones, nuevas competencias.



Durante meses, sigue Pedro, deambulé por la ciudad buscando el camino, buscando lo que me distingue de otros, mi valor diferencial... qué puedo ofrecer a otros. Sigo investigando, pero mientras, reúno a gente en mi misma situación, trabajo con ellos en la búsqueda de “El Elemento”, que diría Sir Ken Robinson. Deja que te lea, Dafne, un párrafo de la introducción de su libro:
“Mi objetivo al escribirlo es ofrecer una visión amplia de la habilidad y creatividad humanas y de los beneficios que supone conectar correctamente con nuestros talentos e inclinaciones individuales. Este libro trata de temas que tienen una importancia fundamental en nuestra vida y en la vida de nuestros hijos, de nuestros alumnos y de las personas con las que trabajamos. Utilizo el término «Elemento» para el lugar donde convergen las cosas que nos gusta hacer y las cosas que se nos dan especialmente bien. Creo que es imprescindible que cada uno de nosotros encuentre su propio Elemento, no solo porque nos sentiremos más realizados, sino porque, a medida que el mundo evoluciona, el futuro de nuestras comunidades e instituciones dependerá de ello.
El mundo nunca había cambiado tan rápido como ahora. Nuestra mayor esperanza de cara al futuro es desarrollar un nuevo paradigma de la capacidad para llegar a una nueva dimensión de la existencia humana. Necesitamos propagar una nueva apreciación de la importancia de cultivar el talento y comprender que este se expresa de forma diferente en cada individuo. Tenemos que crear marcos —en las escuelas, en los centros de trabajo y en los estamentos públicos— en los que cada persona se sienta inspirada para crecer creativamente. Necesitamos asegurarnos de que todas las personas tienen la oportunidad de hacer lo necesario para descubrir el Elemento por sí mismas y a su modo.”

Dafne se queda pensativa, ¿qué le apasiona de verdad? Es incapaz de responder a la pregunta. Sabe lo que se le da mal, pero no aquello para lo que es especialmente hábil. Nunca se ha parado a pensar en ello. Piensa en todos sus años de trabajo: en realidad lo que vendió fue su tiempo, no su talento, su docilidad, no su iniciativa, su lealtad, no su compromiso... 
Y Pedro al verla pensativa, insiste: Me di cuenta de que muchos de los compañeros de generación que me rodean, yo incluido, se independizaron, comenzaron a trabajar y se casaron muy jóvenes y desde entonces hasta hace cuatro o cinco años, la vida ha sido un lento progresar continuamente, mejor sueldo, más responsabilidad, una casa en propiedad, un coche cada tres o cuatro años cada vez más grande, cubrir todas las necesidades y los caprichos de los hijos... siempre más... hasta un día en que parece que el mundo se da la vuelta, se pone patas arriba y nos expulsa del sistema sin contemplaciones. 
Fuera de nuestra zona de confort nos sentimos desvalidos y sin recursos para movernos en esta nueva selva que no comprendemos.



Estoy empezando, Dafne, a los 54 años, tengo la sensación de vivir una nueva adolescencia llena de interrogantes y miedos, pero llena también de energía creadora. Le llamo “madurescencia” porque hasta mi cuerpo está cambiando, entrando en un nuevo estadio. Quiero ayudar a otros a reinventarse en la madurez... ¿Sabes? Dedico de nuevo, como en la adolescencia, muchísimo tiempo a estudiar, a aprender. Y a partir de mi experiencia, incorporar los nuevos valores necesarios para sobrevivir en este nuevo mundo. La diferencia con mi primera juventud es que ahora además tengo otro trabajo añadido: tengo que desaprender en la misma medida que incorporo nuevos hábitos y nuevos conocimientos, abandonar viejas costumbres, prejuicios y certezas que ya no me sirven para seguir en el camino. Y eso es doloroso, mudar la piel duele... 
Pero también sé ahora que no estoy solo. Somos muchos, porque nuestra sociedad envejece sin remedio y en breve seremos mayoría. Míralo desde este punto de vista, somos los trabajadores del futuro en un país con una tasa de natalidad por los suelos, las generaciones más jóvenes emigrando al extranjero y aumentando sin parar la esperanza de vida. ¡Somos el futuro! Y tenemos que construirlo entre todos. Estamos en era del conocimiento y la clave del éxito está en la colaboración, en juntar nuestros talentos y construir la nueva sociedad que empieza a emerger.





Dafne sale del despacho de Pedro más confusa de lo que entró pero con un gusanillo que cosquillea en su cabeza: Volver a estudiar..., reaprender, investigar..., curiosear, husmear...
Pero esto es materia del cuarto capítulo. CONTINUARÁ.

sábado, 26 de abril de 2014

La crisis madurescente: en el fondo del pozo -2-

Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo.... del miedo al cambio. 

Octavio Paz
E. Hopper



Voy a dejar pasar seis meses para ahorraos las crisis de ansiedad de Dafne. Las patadas al aire y los brindis al sol. El pánico y la euforia por los que se atraviesa en situaciones de cambio radical.

Dafne rechazó la propuesta de su empresa, ganó el despido improcedente. Y con una indemnización que no respondía a los 25 años vividos en la empresa y un paro ridículo, comenzó a reinventar su vida.

Seis meses después ya no busca empleo, sabe que la discriminación por edad es mucho más cierta que otras como la edad o el sexo.

No quiero detenerme en las noches de insomnio y pesadillas en las que recuperó uno a uno todos los temores de la infancia..., el miedo a las tormentas, especialmente a los rayos. ¡Mal rayo te parta, Juan!, soñaba y despertaba sudada y con el vértigo que produce la culpabilidad recordando un día en el que soñó de niña que la odiada profesora de matemáticas se caía por un barranco y meses más tarde, apareció en clase con la pierna enyesada. ¡Culpable, culpable!


E. Hopper
No soportaba los espejos porque le devolvían su peor yo. Se replegó en sí misma de tal forma que una mañana de septiembre descubrió casi por casualidad que Manuel se había ido, que estaba sola en la inmensa casa familiar.

Recordaba como un eco lejano su voz diciéndole que no podía soportar más su ensimismamiento.

Sin trabajo, sin pareja, con los hijos lejos y a los que veía convertirse en adultos a través de Skype... Una buena tarde Dafne decidió salir a pasear, ventilar sus demonios trotando Ramblas abajo hacia el mar.


Diego Arias

El Mediterráneo es habitualmente un mar plácido, un camino, pero en otoño el viento de levante construye olas amarillas amenazadoras que suelen juntarse con la gota fría que inunda garajes y casas del Maresme.

Sola, frente a la playa del Somorrostro, Dafne se unió al rugido del mar y lloró y gritó, y entre sacudidas y puños en alto, juró como Scarlett O'Hara nunca más volver a lamentarse. Tenía la cara y la chaqueta empapados de agua salada, la misma agua de sus lágrimas, la misma agua que surcó Ulises en busca de su destino.

¿Dónde está mi Itaca?, pensaba Dafne. He perdido el norte, se dice a sí misma. Soy carne de psiquiatra, afirmaba con un tono melodramático.

Remontando hacia la parte alta de la ciudad, Dafne iba trazando un plan.


E. Hopper
Al llegar a casa, nido vacío, renunció a quitarse la sal del cuerpo e impregnada de olor a mar comenzó a escribir casi compulsivamente, vació hasta el último reproche, hasta el más pequeño de los rencores. Hueca y sin lastre, casi aérea, se fue a dormir. 

Mañana comienza el tercer capítulo, se dijo, mañana se acabaron las excusas, mañana "me pongo".


E. Hopper
Despertó febril y acatarrada. Un trancazo mayúsculo, ya no tenía edad para "bailar bajo la lluvia".

A mediodía se preparó un zumo de naranja y encendió el ordenador. Todos sus buenos propósitos de la noche anterior se habían esfumado, y sólo le apetecía cotillear un poquito.

Hacía meses que no entraba ni en Facebook, ni en LinkedIn... ¿qué habría sido de sus cuatro compañeros de destierro? ¿Estarían en el fondo del pozo como ella?



Probó con Raúl, su homónimo en la "otra" empresa: "En búsqueda activa de empleo" decía su perfil en LinkedIn y Dafne tuvo una cierta sensación de alivio... "en búsqueda" (estaba perdido) "activa" (sus contactos le habían dado la espalda) "de empleo" (más de 50 años y sin proyecto propio). ¡Exactamente como ella!


E Hopper

Y ¿qué habrá sido de Lourdes? Lourdes era en el momento de la fusión la responsable de grandes cuentas. Y en LinkedIn de nuevo: "Interim Manager" ¿Y eso qué es? Googleemos: Directivos interinos (!?) y en la Wikipedia: Interim management. Disposición temporal de recursos y habilidades de gestión. Asignación temporal de un ejecutivo senior interino para administrar un período de transición, de crisis o cambio dentro de una organización. Así que Lourdes era una ejecutiva temporal, ¡ETT, vaya! ¡Cosas veredes, Sancho!  


E. Hopper
¿Y Andrea? Ni rastro. Ni en LinkedIn, ni en Google..., borrada del mapa. ¡No es posible, si no apareces en Google, no existes!

Y Dafne no puede evitar llamar por teléfono a Rosa, su antigua compañera de trabajo. Es consciente entonces de que llamar por teléfono se ha convertido en un gesto poco habitual, ¿será por culpa de WhatsApp?

Después de informar a Rosa exhaustivamente de la huida de Manuel, los progresos de sus hijos y de lo "maravillosamente" que se siente, no vaya a ser que Rosa intente profundizar en su estado de ánimo..., Rosa le cuenta que Andrea sigue en la empresa, fue la única que aceptó la propuesta de Juan. Ahora introduce datos en el sistema, ocho horas tecleando frente a una pantalla de ordenador nombres y cifras, con menos categoría y menos sueldo que antes, pero con trabajo.


E.Hopper

¡Ahora entiendo por qué se oculta!, piensa Dafne, estamos rodeados de empleados "venidos a menos": menos responsabilidad, menos sueldo, más trabajo y más monotonía. Dafne experimenta de nuevo un extraño sentimiento: ¡No envidia a Andrea!, respira hondo y se siente algo mejor.

Sólo queda Pedro y de nuevo... la sorpresa. En LinkedIn lee:
Owner de COTALENTSENIOR, apoyo a transiciones laborales de mayores de 45.
¿Transiciones laborales? Y aparece una web, una página en facebook, un usuario en Twitter...


E. Hopper
Dafne pasa la tarde indagando en qué consiste la nueva actividad de Pedro. 

Pero esto es material del próximo capítulo de la revolución madurescente de Dafne.






jueves, 24 de abril de 2014

Historias ejemplares: Golden Workers y cambio, la revolución madurescente. Capítulo 1

El día de su 50 cumpleaños, Dafne no dejó de mirar la pantallita de su smartphone. A lo largo de su jornada laboral entraron a través de su cuenta en Facebook más de 50 felicitaciones de gente a la que, en su mayor parte, hacía siglos que no veía, entre otras cosas porque apenas disponía de tiempo libre. 

                       
Otro tanto sucedió a través de WhatsApp, hasta el punto que tuvo que silenciar su móvil porque el sonido constante de la entrada de mensajes hacía que sus compañeros murmuraran por lo bajo y sonrieran de forma condescendiente.
Pero esas fueron las únicas alegrías del día y a eso de las cinco de la tarde sonó su teléfono fijo y su jefe, Juan Méndez, la llamó a su despacho.



Juan había pasado a ser el jefe de Dafne después de la última fusión y para ella, que llevaba más de 25 años en el mismo trabajo, era un niñato advenedizo y trepa que no le inspiraba ningún respeto.

¿Qué tripa se le habría roto? La verdad es que la llamada la ponía en alerta, porque apenas quedaban en la empresa empleados de su edad y en los últimos tiempos había visto cómo salían de la organización la mayor parte de los compañeros que entraron a trabajar aquí al mismo tiempo que ella. 





Dafne siempre ha trabajado en el Departamento de Recursos Humanos. Conoce la historia de cada empleado de la compañía y la repercusión que tiene sobre la plantilla cualquier cambio tanto económico como estructural en la empresa. Lleva más de diez años especializada en procesos de selección y promoción interna en los que ella no toma las decisiones, recopila la información necesaria para que los jefes puedan decidir con conocimiento de causa, pero demasiadas veces ha comprobado que sus informes acaban en un cajón y que los criterios para mover o promocionar a un empleado poco tienen que ver con la evaluación de sus competencias.
No le importa. Cuando acaba el año elabora una memoria muy documentada y referenciada que presenta orgullosa a dirección y donde se analiza cuantitativa y meticulosamente todo su trabajo en forma de número de cuestionarios, entrevistas, propuestas realizadas... Si sus sugerencias no tienen efecto no es su culpa, piensa, lo achaca a la incompetencia de sus jefes.

A veces , y sobre todo desde que le han puesto a este jovencito como jefe, piensa que su trabajo no tiene sentido, pero aleja esta idea de su cabeza recordando la exactitud y perfección de sus informes. Algún día alguien reconocerá su excelente trabajo. Pero ese día no llega.
                  
La fusión con la empresa de la competencia, (Dafne dice que les han absorbido, no fusionado), ha traído algunos cambios a su vida, además del nuevo jefe. Ya no tiene que fichar cada mañana al entrar y las horas de permanencia en su oficina parece que ya no son tan importantes como antes. Incluso algunos empleados de la "otra" empresa la miran con cara de asombro cuando comenta que se quedará hasta las ocho de la tarde para acabar un informe. 

Ahora se premian otras cosas como, por ejemplo, escribir en el blog que los colegas de Recursos Humanos han abierto en la Intranet..., ¡cómo si ella tuviera tiempo para perderlo escribiendo...! Y pretenden que ella misma fije sus objetivos de trabajo y describa cual es su aportación a la empresa y su compromiso con la marca... "empoderamiento" le llaman... Dafne piensa que los nuevos jefes no saben hacia dónde va la empresa...

A Dafne nunca le ha gustado explicar a nadie en qué consiste su trabajo. Es la única en la empresa que conoce al dedillo el procedimiento a seguir cuando hay que promocionar a alguien. Y cree que es importante para su futuro profesional seguir teniendo esta información en exclusiva.



Pero los tiempos están cambiando y hace años que en la empresa no entra nadie nuevo y los procesos de promoción se pararon en el momento que se inició la fusión. Incluso sospecha que sus maravillosos informes han servido más para decidir quién dejaba la empresa que para mejorar las condiciones de nadie.

Últimamente cuando aparece un nuevo proyecto, un nuevo cliente, la dirección suele contratar para realizarlo a un equipo de profesionales externos coordinados por un técnico interno. Ese equipo a menudo ni siquiera pisa las oficinas de la empresa, trabajan en su propio despacho y Dafne ha visto a menudo a Rubén, el profesional a quien suelen encargarle la coordinación de estos equipos, hablando con la pantalla del ordenador en vídeo-conferencia con alguno o con todos los integrantes del equipo. Cuando termina el encargo, se desmonta el equipo y... a otra cosa mariposa. 



Es curioso, piensa Dafne, alguno de los miembros de estos equipos había sido en su día empleado de la empresa, se fue en la primera regulación de plantilla que se hizo hace ya tres años y ahora... vuelve a la organización de manera puntual porque es el que mejor conoce nuestros productos y nuestra cultura... 

Dafne piensa, por ejemplo, en Gonzalo. Fueron juntos a la Universidad y entraron en la empresa el mismo día y como primer empleo y aquí pasaron juntos más de 20 años. Gonzalo lo pasó mal al principio de su salida de la organización. Después de tantos años como comercial, fichando a la misma hora y repitiendo el mismo proceso, las misma llamadas, los mismos correos, las mismas presentaciones en power point, las mismas visitas..., despertó un día sin saber qué hacer.


Ahora que han pasado tres años, se le ve bien, incluso ha rejuvenecido. Trabaja por su cuenta como autónomo y en red con un grupo de profesionales a los que conoció a lo largo de todos sus años como empleado y que ahora están en las mismas circunstancias que él. Su gran experiencia y su enorme red de contactos han sido decisivas para que recomenzar no fuera tan doloroso.

A través de Facebook, esta mañana, ha felicitado a Dafne por su cumpleaños, con una frase de Mr. Wonderful que la ha dejado algo inquieta.



Mr. Wonderful

Así que Dafne, después de estas reflexiones, entró en el despacho de Juan, su nuevo jefe, con algo de arrogancia, mirándole por encima de sus inseparables gafas con las que combatía la presbicia, diciéndose a sí misma que si se mostraba tranquila y segura de sí misma, nada malo podía suceder.



Juan Méndez no estaba solo en su despacho. Además de Dafne, había cuatro personas más que ella conocía sólo de vista porque eran empleados de la "otra" empresa. Sin embargo, tenía algo en común con ellos..., todos peinaban canas. Dafne se temió lo peor. Sabía por experiencia que a ningún directivo le tiembla la mano para "deshacerse" de los empleados de más edad. Somos caros, poco flexibles, resabiados... reflexionaba, mientras miraba la cara de susto de sus compañeros. Provenían de diferentes departamentos, Recursos Humanos, Marketing, Ventas..., y todos ellos no habían conocido más empresa que la que acababa de fusionarse con la de Dafne y llevaban un montón de años desempeñando la misma tarea... ¡Trastos viejos!, resonaba la vocecita interior de Dafne.



Pero Juan no la dejó seguir con sus cavilaciones, les hizo sentar alrededor de la mesa de reuniones y comenzó sin más preámbulos:

Creo que estáis todos al corriente de los cambios que está trayendo la fusión. Hemos cambiado de edificio, todos tenemos alrededor caras nuevas, algunos compañeros ya no están, hemos abandonado algunos productos y servicios y comenzado a ofrecer otros. Por todo ello, necesitamos también nuevas maneras de hacer. Vosotros sois la historia de las dos empresas que ahora son una. Habéis observado multitud de cambios mientras permanecíais en vuestro puesto y ahora ha llegado el momento de que seáis vosotros los que cambiéis.

Nadie movía un músculo, el aire se podía cortar con un cuchillo, a Dafne le empezó a picar la nariz, síntoma inequívoco de que las lágrimas aparecerían pronto en sus ojos...
amarjitsingh1984

Juan prosiguió: Le he dado muchas vueltas a vuestra situación y finalmente tengo algo que proponeos: Quiero que dejéis la compañía para ofrecer vuestros servicios desde una nueva empresa autogestionada por vosotros a la que, si ofrecéis buenos precios y alta calidad, le contrataremos proyectos relacionados con el aprendizaje permanente y el desarrollo del talento de nuestros empleados. No se trata de un despido, estamos externalizando un servicio, competiréis con ventaja frente a otras consultoras ya que conocéis como nadie las características de nuestra organización, sus necesidades, sus problemas, sus fortalezas..., sois los mejores mentores  con los que podríamos contar y tenéis además sobrada experiencia en cada una de vuestras especialidades.

Dafne no da crédito a lo que oye. Su rechazo a la propuesta es total. Juan lo llamará como quiera, pero se trata de un despido improcedente, ¡si lo sabrá ella...!!! Hablará con el Director General. Lleva más de 25 en la empresa, no pueden hacerle esto. Removerá cielos y tierra, no quiere cambiar. Le gusta su trabajo, le gustan el orden y la rutina. Le gusta la sensación de saber exactamente en cada momento qué pasará en el momento siguiente. Le gusta comer en la cantina del trabajo con Rosa su compañera de toda la vida y cotillear un poco sobre los últimos chismes de la empresa. Le gusta su mesa, sus cajones, hasta su silla que consiguió cambiar hace ahora cuatro años por una ergonómica que le recoge perfectamente las lumbares. Le gusta despertarse siempre a la misma hora y volver a casa y preparar una cena ligera para Manuel y para ella, ahora que los niños ya se han independizado... 

Parece que va a marearse, pide permiso para irse a casa y meditar qué debe hacer ante tal propuesta. Juan sonríe y les dice a los cinco que mañana por la tarde seguirán hablado del tema...












domingo, 20 de abril de 2014

Golden Workers: Saber cómo, saber qué, saber por qué...

Sabemos más de lo que podemos decir...

GoldenWorkers resilientes.



Fantaseo a menudo con la idea de trasladarme a vivir a un lugar de ensueño, cerca del mar, y esta Semana Santa me he acercado hasta la antiquísima Ampurias para impregnarme de olor a yodo y pinos y así revitalizarme con lo que vieron los ojos de cansados militares griegos, que aquí venían a retirarse, protegidos por la bahía de Rosas y ante el mismo mar que los vio nacer.


Como yo, otros muchos se instalan estos días en el Ampurdán, buscando la paz y la actitud contemplativa, que ya nada tiene que ver con lo religioso, pero que coincide con la Semana Santa y el inicio de la primavera. Como las plantas, después de respirar estos aromáticos aires, rebrota desde lo más hondo una nueva esperanza de reinvención, reinicio..., resurgimiento tras el invierno.



Desde que vivimos instalados en la incertidumbre y el cambio permanente, buscamos desesperadamente un minuto de sosiego, un rincón donde habite la certeza de lo inamovible, y es en la naturaleza donde los ciclos se repiten imperturbables.

Y desde Ampurias y en peregrinación he recorrido los refugios de algunos amigos míos y recogido la desazón que nos embarga a tantos compañeros de generación.

Nos vemos forzados muy a nuestro pesar, porque nos educaron en la aversión al riesgo, a reinventarnos en la madurez.

Nuestros oficios, a los que nos hemos dedicado en cuerpo y alma hasta convertirnos en expertos especialistas, están en vías de extinción, si no han desaparecido ya.  

Nuestras creencias, por ejemplo sobre el amor eterno, hechas trizas por dolorosos divorcios o fugaces enamoramientos arrebatadores (...¡tantas películas americanas en nuestro haber!!!) que dejan un largo regusto amargo.

Desclasados porque nuestro declive económico lleva emparejado un nuevo orden social que nos excluye de los lugares que nos pertenecieron hasta hace poco...

Algunos , golpeados por la crisis, sumidos en el desconcierto, tiran la toalla y se instalan en la lástima de uno mismo, se miran el ombligo y culpan al mundo de su propio declive.

Muchos, sin embargo, inician una nueva andadura y no es difícil encontrar directivos convertidos en consultores o docentes, arquitectos y diseñadores transformados en artesanos, periodistas que ejercen de community managers, informáticos que vuelven a la tierra y cultivan un huerto... Y todos ellos lo hacen pasados los cincuenta. 



Y todos ellos entran en la lucha por la vida de nuevo como en la primera juventud... Es eso que llamamos "madurescencia", la bendita crisis del volver a empezar con otro cuerpo y otro proyecto, tan diferentes de nuestra primera historia.

Somos "golden workers" de arquitectura resiliente, fortalecidos por las tensiones, perturbaciones y desastres pasados, capaces de adaptarnos a nuevos entornos y requerimientos, en este momento de "darvinismo digital" en el que la tecnología y la sociedad se transforman a mayor velocidad que las empresas y las organizaciones y que por lo tanto ya no se requieren empleados, sino innovadores autónomos, profesionales dueños de su destino que empujan a las empresas hacia el cambio permanente y la reinvención constante.

Y buscamos nuevas maneras de convivir y relacionarnos, para fundar nuevas formas de compartir momentos y espacios, tan alejadas de la familia, tan próximas a la tribu...

Se acaban los días de tregua y retiro de Semana Santa. Volvemos de nuevo a la palestra. Y he visto en las miradas de mis compañeros de estos días la luz de los que están en el camino, en la senda de la reinvención personal. He visto la fortaleza de los que quieren saber "cómo", saber "qué", saber "por qué" en este nuevo acto de nuestra vida.

No estamos solos y somos muchos... ¡tenemos todo por hacer!