sábado, 7 de enero de 2012

Traspiés y reinvención: Historia de una caída feliz


En noviembre de 2009 me rompí un pie. Cuatro metatarsos del pie izquierdo, para ser exacta. La noche anterior había salido a cenar con dos amigos. Me acosté tarde y al sonar el despertador a la mañana siguiente, me di la placentera media vuelta del "cinco minutitos más..." que se convirtieron en tres cuartos de hora. Salté de la cama tan violentamente, que apoyé el pie izquierdo por su reverso, oí un ruido extraño que se convirtió en un dolor insoportable al rato.


Fue el inicio de mi revolución personal, el inicio de un proceso de transformación que todavía no ha terminado.

¡En el dique seco! yo que organizaba mi vida alrededor de mi trabajo. Dependiente yo, que me creo el paradigma de la independencia. Sin trabajar, qué peligro, yo que siempre he "inventado" mi trabajo y... con miedo: Si no estoy..., no hago falta..., no me necesitan..., no me sustituyen...

Así que mi trabajo no podía meterse en las cajitas de los que analizan perfiles competenciales... ¡UYYYYY!!!! Así que mi trabajo consistía en inventar nuevos escenarios formativos.... ¡UYYYY! enseguida pensé que si alguien se daba cuenta de eso, lo tendría muy crudo porque no estaban los tiempos para nuevos experimentos...


Con mi pie a rastras comenzó una nueva etapa en mi vida, mucho más social, volví a los amigos y al estudio como a los veinte años.


Soldaron más o menos bien mis metatarsos y todo a mi alrededor empezó a cambiar vertiginosamente.


Salí de la espiral del huracán autónoma, con un business plan y con un portfolio (¡qué modernidad!!!) de servicios y enseguida descubrí que mi ventaja competitiva tenía que ver no con la modernidad sino con la "experiencia", con mi edad y el hablar de redes sociales desde la cincuentena.


Como dice Ken Dychtwald el período 50-70 en la vida representa la búsqueda de una nueva identidad y la entrada en esta etapa tiene nombre: es lo que se ha dado en llamar "MADURESCENCIA" (middlescence) que según The Free Dictionary se utiliza para describir al inquieto baby boomer (35-65) y se caracteriza desde un punto de vista negativo por la frustración, el cansancio, el aburrimiento y la alienación y desde el punto de vista positivo por la aparición de grandes dosis de autodescubrimiento, nuevas direcciones vitales y profesionales y nuevos valores.


Es ese momento en que nos preguntamos:


¿Y ahora qué?


El objetivo es superarla ya que en el fondo esconde una combinación entre madurez y obsolescencia y nos ayudará a superarla el aprendizaje de nuevas habilidades digitales, el dejar atrás la ética de no cambiar de trabajo y el descubrimiento de nuestro oculto potencial talento.


Construiremos así una nueva identidad que llenará de sentido el tercer capítulo 




En ello estoy.....