lunes, 21 de octubre de 2013

Estos Toltecas eran ciertamente sabios. Solían dialogar con su propio corazón. (México DF - 12 a 20 de octubre de 2013)

Ten cuidado de las cosas de la tierra: haz algo, corta leña. labra la tierra, planta nopales, planta magüeyes. Tendrás qué beber, qué comer, qué vestir. Con eso estarás en pie, serás verdadero, con eso andarás, con eso se hablará de ti. Se te alabará. Con eso te darás a conocer. 
Huehuetlatoll
i


(En la sala Náhuatl del Museo de Antropología de la Ciudad de México)




Vine para soltar lastre, para volver ligera, aérea. Vine para dejar aquí miedos y amenazas. Y vuelvo con las manos llenas. 
Abandono el papel de Cariátide y, de sostener el mundo, levanto el vuelo al modo del colibrí, sin tomar altura, libando el conocimiento de los que me rodean. 
Las personas son oportunidades y las desconocidas palabras que me han acompañado estos días, contienen la llave para abrirse a un nuevo mundo, a la realidad pujante y prometedora que se respira en México. Las palabras nuevas parece que se esconden en un rincón de nuestra memoria histórica y despiertan mundos olvidados, conversaciones de otros tiempos, significados nuevos que vienen a enriquecer mi pequeño mundo. 
Y al poco, dejo casi de hablar y me abro de oídos sin perder una coma del nuevo mundo que se me ofrece. 
Palabras que se paladean y son música y no puedo evitar rememorar su perfume cuando digo "guanábana", "huitlacoche", "jícama"...
Y deambulo despacio, afectada por la altura, por las salas del Museo de Antropología rodeada de bellísimas y terroríficas esculturas mixtecas, nahualt, olmecas, mayas... dioses, animales y hombres construyendo un universo mágico que te transporta a tus miedos más atávicos y al entronque más directo con la naturaleza. Contemplo deslumbrada por la intensidad emocional de cada pieza, por la dureza absoluta de la piedra y el calor de conchas y caracolas, piedras que son árboles y vegetales que nunca vi: magüey, tabaco, hule, peyote... que desde la piedra alteran mi percepción.
Y el coche, en la vorágine del tráfico mexicano, se convierte en el mejor escenario para mantener conversaciones largas, intensas, profundas, sobre este país y sus contradicciones, sobre sus grandezas y sus miserias...
Y mientras aguardamos pacientemente que el atasco de tráfico se deshaga, suena esta canción: