Nanoaprendizajes y renacimientos madurescentes

Navigare necesse est, vivere non est necesse. Plutarco



¡Qué forma tan diferente de viajar! La experiencia hace que me detenga ante un paisaje urbano o un solo cuadro en un museo. Paladeo la contemplación , vivo el presente de un modo tan intenso como desconocido. En otros momentos el placer del viaje residía en poderlo explicar a la vuelta, el placer estaba en un momento futuro. Ya no, el momento en sí me da placer. Es la madurez. El tiempo se acelera y por eso no aplazo nada. El momento presente es lo único que tengo.

Foto: Nina Masó

El verano: Flotando panza arriba en el mar revisaba qué es lo que de verdad me importa, qué me interesa en serio, de quién quiero rodearme... y la vida parecía así, acunada por el vaivén de las olas, simple y sencilla. En remojo si hace calor, unos fresquísimos calamares a la plancha si tengo hambre, navegando por internet si se me despierta la curiosidad por saber... charlando con los amigos si me da punzadas la soledad.

Instagram @NATGEO

Ganar no es un objetivo, es una recompensa. En estos días de tránsito entre las vacaciones y la vuelta a la vorágine del trabajo, me pregunto en el silencio de la ciudad en agosto, qué me gustaría conseguir este otoño, este nuevo curso... Está claro: rodearme de los mejores, estar con los que me entienden, cuidar a los que me quieren, apoyar a los que empiezan o a los que han caído, conocer a los que me complementan. Eso es el "éxito".

#Jellyfish #aquarium @robertclarkphoto
Me gusta estar sola. Es el tiempo de la ensoñación. Hablo conmigo misma y me descubro como entrañable interlocutora. Me ha costado años y años aceptar mi sola compañía. A solas pienso, hablo, canto, bailo y río, sobre todo me burlo un poquito de mí misma y mis trascendencias... A solas me perdono y lamo mis heridas...

Instagram: @NATGEO
No me doy permiso para la indolencia y eso hace que me sienta culpable a menudo. Miro a mi alrededor si me tiro en el sofá con una novela en las manos con la sana intención de distraerme. Creo que fueron los jesuitas y mi padre quienes me inculcaron esa obsesión por el trabajo y la "producción". Incorporo la lectura de novelas a mis disciplinas laborales y... asunto resuelto.




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