Combatir el Edadismo: Golden Workers para la cuarta Revolución Industrial


 My generation, de The Who

        

People try to put us down -Talking about my generation- Just because we get around -Talking about my generation- Things they do look awful cold -Talking about my generation- I hope I die before I get old -Talking about my generation-This is my generation This is my generation, baby.

Que no se me olvide nunca. Para mí es fácil reiniciar el camino, cambiar, adoptar nuevos hábitos, aprender nuevos recorridos..., llevo haciéndolo toda la vida.

Siempre que doy una conferencia, una charla, o participo en una mesa redonda, mido el impacto de mis palabras por la cantidad y calidad de las intervenciones y preguntas de los asistentes. Si se hace el silencio completo cuando termino de exponer mis argumentos, cosa muy habitual en nuestro país, puede deberse a dos cosas: o los he dejado sin palabras (y eso es muy difícil de conseguir) o han desconectado de mi discurso a poco de iniciarse (lo que puede ser más frecuente).

Últimamente, que tengo muchas intervenciones sobre los trabajadores senior, sobre el futuro de mis compañeros de generación, los llamados "babyboomers", sobre el envejecimiento generalizado de la sociedad europea..., se disparan las preguntas, intervenciones, pequeñas conferencias en paralelo. 

Los asistentes, sobre todo si son de la mencionada generación, rebullen en sus asientos, hablan con el compañero, asienten o niegan, fotografían los slides de mi presentación o toman notas sin parar. Parece que les sorprende que haya pasado el tiempo y estemos ya en la frontera de la jubilación, cercanos al retiro, próximos a la ociosa vida de la tercera edad.

Y es que nos cuesta reconocernos en un colectivo, el de los trabajadores maduros cercanos a abandonar la vida productiva. Somos la generación de la eterna juventud, y si no hemos pasado por el cirujano restaurador, hemos convertido en hábito las sesiones en el gimnasio, el "running" (que así se llama lo que antes era "correr") o la bicicleta, nos compramos la ropa en donde lo hacíamos a los veinte (es curioso comprobar cómo la ropa de Zara, por ejemplo, ha madurado con nosotros), hemos estrenado recientemente nueva pareja o inventado una nueva forma de convivir y comemos verduritas y proteínas a la plancha durante la semana laboral. Somos madurescentes en permanente transformación, no envejecemos... evolucionamos.

Por eso nos causa estupor la tremenda discriminación por edad que se está produciendo hoy en nuestro país. Desde el punto de vista laboral cualquier trabajador mayor de 45 años es un trasto viejo, deja de ser un candidato a cualquier puesto de trabajo. 

Cuando pronuncias la palabra EDADISMO, todo el mundo asiente horrorizado, para a renglón seguido, mirar para otra parte.  Blogueros, consultores, gurús y responsables de Recursos Humanos, hablan y hablan y se llenan la boca de grandes definiciones sobre los llamados "millenials" y sobre las generaciones que ahora se incorporan al mundo laboral. Pero los "millenials" son pocos y no quieren ni coche, ni casa, ni tele, y se ignora cuando no se discrimina al experto y comprometido babyboomer que empieza a ser la nueva mayoría y asiste desconcertado a su expulsión del mundo laboral.


No importa que la medicina y los medios de comunicación afirmen que los 60 son los nuevos 40, no importa que un gran mordisco del consumo lo den los babyboomers, da lo mismo que anunciantes, cineastas, responsables de marketing se centren en protagonistas maduros para sus anuncios y películas... la cultura de la exaltación de la juventud del siglo XX rechaza al trabajador maduro por más en forma que esté.

Tal vez el truco para seguir en la brecha no consista en parecer joven sino ser enérgico, buscar siempre fuentes de energía en el aprendizaje permanente, la colaboración con otros, la generosidad y la ayuda. La energía puede ayudarnos en esta necesaria transición hacia un nuevo reto vital, un nuevo trabajo o empleo, una función diferente, un nuevo lugar donde trabajar...  La energía puede ayudarnos a combatir el miedo al fracaso cuando asumimos riesgos.

Tal vez hay que ofrecer al mercado laboral lo que somos, no lo que parecemos: profesionales expertos adaptables, acostumbrados al cambio y la evolución constante, a los que la experiencia permite resolver problemas complejos y cuya red de contactos es extensa y nos permite ofrecer una visión global y contrastada de cualquier proyecto que se nos proponga. Entusiastas en el sentido más etimológico de la palabra (del griego εν θεός, con un dios dentro, poseído por dios) a los que para resucitar su compromiso con la empresa hay que ofrecer un nuevo reto que les impulse a reiniciar un nuevo ciclo vital, Golden Workers que pueden ser fuente de inspiración para generaciones con poco o nulo sentido del compromiso, embajadores de la marca para la que trabajan y que conocen bien.  

La lucha contra el edadismo debe estar protagonizada por los propios Babyboomers madurescentes que de nuevo toman el testigo y son los "dueños de su destino, capitanes de su alma", que decía Nelson Mandela. Y si hay que volver a empezar, qué mejor que hacerlo en un momento dorado de nuestra vidas, la generación del “Babyboom” está inaugurando su "segunda edad", el momento en el que se funden salud y conocimiento, el momento en el que la experiencia acumulada acorta los caminos para llegar a la solución de un problema, muestra los atajos para ahorrar energías y dota de lucidez para entender a los demás.

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