Golden Worker: Tu próxima misión

Modelo de crecimiento

Babyboomers, la generación de la reinvención madurescente


¡Bien...! Ya te has desvinculado de la que fue tu empresa durante tantos años. Has superado con éxito el duelo por la desaparición de la marca en la que comenzaste, el duelo por la pérdida de empleo, el duelo por la pérdida de status... ¡tantas pérdidas! Llevas algún tiempo dándole vueltas a esa vieja idea que te resulta lo suficientemente atractiva y que parece que puede ser rentable, como para lanzarte a la piscina y probar tu valía.

Estás preparándote a fondo porque sabes que en realidad será como comenzar de cero y no piensas en "ir tirando", sino que ésta es una auténtica oportunidad, tal vez la última, para dar el salto a una experiencia sobresaliente en la vida, la de ser dueño y responsable de tu destino tanto en el seno de una nueva empresa como si te estableces por tu cuenta.

En esta transición necesitas saber no sólo todo lo referente a tu especialidad profesional sino empezar a desaprender viejos hábitos, creencias inamovibles y prejuicios que para nada te sirven. Incorporar a tu haber los últimos estudios e informes sobre tu sector, todo lo referente a la innovación en tu campo... Debes analizar a fondo qué está haciendo tu competencia, qué nuevos lenguajes está utilizando... Debes saber qué recursos están disponibles y como movilizarlos para superar los obstáculos que vas a encontrar en el camino.

Imagen: Bodegas Cillar de Silos

Wilkinson en la HBR identifica tres pasos prácticos para construir el capital de conocimiento que nos permitirá sobresalir en esta nueva etapa de nuestra carrera profesional, los tres pasos de la reinvención:

Fase Cero en la que debes dedicar de forma inflexible al menos 30 minutos al día a estudiar, a informarte, a profundizar en tu área de conocimiento. En esta fase busca información de máxima actualidad sobre tu sector y tu profesión, identifica problemas de tu sector y desarrolla hipótesis de cómo podrías resolverlos.

Tour de Aprendizaje en el que debes preguntar a compañeros y colegas sobre movimientos y cambios en las organizaciones a las que pertenecen para conocer tendencias y problemas actuales reales. 

Analiza cómo definen los problemas tus actuales o antiguos clientes y proveedores y qué hipótesis elaboran para resolverlos. 

Grupos de Afinidad en los que mantenerte en contacto con colegas que estimulen tu inteligencia. Busca a personas influyentes con las que relacionarte y aprovecha las redes colaborativas que ya existen y si no encuentras las que sean de tu interés, créalas.
Piensa en redes que respondan a estas dos preguntas: ¿quién puede ayudarme a conseguir esto? y ¿cómo puedo conectar con las personas influyentes de este sector?


La madurez no es una excusa para el inmovilismo. Quien no se reinventa se atrofia. Muchos babyboomers pecan de exceso de confianza en el éxito pasado y esa es la cuerda con la que se ahorcan. Pensar que si sirvió en el pasado tiene que funcionar también hoy, es el error frecuente de muchos trabajadores senior.

En parte eso sucede porque clientes, proveedores, contactos y colegas han madurado con nosotros, e instalados en la zona de confort es difícil ver el tsunami laboral que se nos viene encima con la revolución de la era del conocimiento, la digitalización y la robotización de las tareas. En la burbuja de lo conocido desde siempre, no vemos más allá de las repetitivas y tediosas reuniones a las que asistimos con los colegas de siempre, no escuchamos las otras voces ahí fuera que nos cuentan lo que está viniendo y lo que nuestros clientes empiezan a demandar.

Pasar de una etapa de madurez a una de crecimiento es una difícil hazaña y esperamos hasta que es inevitable y urgente para dar el salto.

Sin embargo, debería ser en el momento de mayor éxito y estabilidad laboral, haciendo caso de las leyes de crecimiento de la empresa, cuando debiéramos provocar cambios sustanciales en nuestra vida laboral ¿Pero quién quiere cambiar cuando las cosas van bien?

Las empresas inteligentes organizan sus equipos por proyectos de forma que l cambio se viva de forma natural, en lugar de estructurarse en puestos fijos y asignar tareas inamovibles a cada trabajador.

Al igual que estas empresas, deberíamos repartir nuestros intereses profesionales en varios cestos, de forma que pudiéramos cambiar de oficio, de empleo, de empresa, de ciudad..., (poned aquí los etcéteras que queráis...) con más facilidad y con menos dolor del que nos provoca ahora cualquier mínima alteración de nuestra vida y en lugar de tener aversión y pavor al cambio, incorporarlo a nuestro cotidiano desarrollo profesional como elemento indispensable para crecer.




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