sábado, 13 de junio de 2015

Networking, coffee break y desvirtualización: Dafne entre lo virtual y lo presencial.

Y retoma Dafne su asistencia a Jornadas, Congresos, y eventos varios con la vana esperanza de encontrar la inspiración para iniciar de nuevo su reinvención.



Dafne conoce a casi todos los Gurús, CEO's, "influencers" y demás fauna. Forman un reducido coto privado, que arenga sobre lo que es previsible y lo que es conveniente para triunfar en un futuro líquido e incierto.

De alguno de ellos recuerda incluso la anécdota, el chiste que viene a continuación del slide sobre motivación, aunque haga más de diez años que no lo escucha, pero persiste en el empeño de asistir a todo acto que se convoca en Barcelona para retomar antiguos contactos, reencontrar a viejos amigos y hacerse visible de nuevo. 

Se trata de un mundo bastante cerrado en el que hay diferentes ligas: en tercera división están consultores y profesionales freelance o de pequeñas consultoras que participan en estos eventos, muchas veces de forma gratuita, ya que los organizadores insisten en que el evento es una magnífica plataforma comercial. En la segunda división están los CEO, directores generales, empresarios..., que participan en el evento para dar publicidad a su empresa, y desarrollo de marca y reputación a sí mismos. Y en la división de honor están los gurús, la mayor parte, espléndidos oradores, en muchas ocasiones de dircursos vacíos de contenido pero llenos de entusiasmo y vibrantes palabras destinadas a mover emociones. 

Constata que la crisis amaina porque han vuelto los minibocatas de jamón y los cruasanes de chocolate a los coffee-breaks y no falla la bolsa con el boli y la libreta de patrocinador del evento.

Toma notas, tuitea las frases ingeniosas, aplaude entusiasta al final de cada intervención... Ha venido a conocer gente, a estar entre colegas, a buscar socios y clientes... pero a las pocas semanas cae en la cuenta de que nada de eso se produce.

El presentador del acto insiste en que los asistentes intercambien sus tarjetas y hagan "networking", pero los asistentes se agrupan entre los que son conocidos y colegas y se cierran en pequeños círculos en los que es imposible meter baza. Dafne en poco tiempo tiene su propio círculo de conocidos que asisten a eventos de temáticas similares a las que a ella le interesan. Pero en todo caso se trata de colegas o competidores, en ningún caso de futuros clientes.


A pesar de todo da por bueno el empeño, en cada evento aprende algo, oye una frase sugerente, una idea inspiradora, y en muy poco tiempo está al día de tendencias y modas en el ámbito de los Recursos Humanos (¿? hay que inventar otra denominación, piensa...) y en concreto (focalizate, focalizate, le han dicho en todas partes...) en el ámbito del aprendizaje (ya no se habla de formación) y el desarrollo profesional.

La semana pasada tuvo Dafne programados hasta cuatro actos en lugares emblemáticos de Barcelona. El primero en Caixaforum: se sienta en la cuarta fila, junto al pasillo, es el mejor lugar. La primera fila suele estar reservada a ponentes y autoridades, la segunda para pelotas y muy miopes, a partir de la tercera la situación es perfecta: puedes ver los gestos y expresiones del ponente y salir antes del final sin molestar a nadie si además escoges pasillo.

Busca el wifi de la sala, abre la libreta que le han entregado con el programa y se arrellana en la butaca que es de las buenas porque tiene un brazo extensible para apoyar todos los objetos que quiere manejar durante las charlas. Pero en el mismo instante en que lo tiene todo perfectamente colocado, le piden que lo retire para poder pasar al asiento que está justo a su lado. Dafne se levanta con las manos llenas y deja paso a un hombre flaco y canoso que se disculpa insistentemente y... se la queda mirando fijo, como buscando en la memoria de qué se conocen.

Dafne, ¡tú eres Dafne!, -exclama finalmente- te sigo por Twitter, ¡muy interesante lo que publicas! Oye, tu foto no te hace ningún favor, soy Pablo, ¡encantado de desvirtualizarte!

Dafne se gira para mirarlo con más atención y acaba reconociendo al personaje que retuitea todo lo que publica, comenta sus aportaciones en LinkedIn y llena de "me gusta" sus fotos de Instagram: un seguidor, vaya... piensa. 

Durante la jornada comentan entre risas cada una de las intervenciones, comparten el coffe-break, saludan a amigos comunes y rematan el día comiendo juntos en una tasca cercana al evento y hablando hasta bien entrada la noche..., como si se conocieran de toda la vida. Intercambian teléfonos, emails, incorporan sus números a WhatsApp... ¿volveremos a vernos? Te contactaré la semana que viene y vamos juntos a la próxima Jornada, dice Pablo. ¡Claro, claro, estupendo, cuenta conmigo! responde Dafne.

Dafne se inició en el mundo de las redes sociales por pura curiosidad intelectual, principalmente en busca de información sobre su mundo profesional, pero muy pronto descubrió que tras la información había personas que se agrupaban por intereses y que acababan constituyendo comunidades en las que se intercambiaba conocimiento pero también apoyo y afecto, se establecían relaciones a menudo más profundas y duraderas que en los eventos sociales presenciales.

Dafne revisaba con cuidado los mensajes que difundía en la red y ya había comprobado las bondades de poner por escrito lo que pensaba, porque así conseguía estructurar y reelaborar sus pensamientos. Y recibía respuesta de gentes a las que difícilmente llegaría a conocer en persona pero que iban ocupando un lugar importante en su vida social.

Y lo mejor que podía suceder, había sucedido... Desvirtualizar a alguien con quien compartes, artículos, opiniones, debates, fotos, vídeos..., produce un intenso placer. No siempre es mejor verse y hablarse en directo, captando cada matiz gestual, cada tono y cada mirada, a veces es mejor la soledad frente a una pantalla. A veces la conversación centrada exclusivamente en la palabra, despojada del cuerpo permite profundizar en un tema con el sólo argumento del texto. A veces sucede lo contrario y agradeceríamos un abrazo, después de esa frase desalentada, una risa sin emoticones, franca, abierta, sonora...

Y Dafne concluye para sí misma: Estamos conectados, mi smartphone incrementa mis posibilidades de relacionarme con mis semejantes. Una red invisible nos une y nos permite estar más próximos, compartir, vivir en comunidad...

No hace falta que llegue la semana próxima, esa misma noche Dafne y Pablo intercambian y graban por Google Hangout sus opiniones sobre la Jornada a la que acaban de asistir.