Peer Mentoring: El retorno de la conversación

Tertulias en el Café Gijón
Recuerdo hace años salir de trabajar y quedar con los amigos en el bar que había sobre el cine Astoria y rematar allí la jornada en tertulia, a veces con tema prefijado, a veces atacando con brío un tema de rabiosa actualidad. Era yo entonces aprendiza de todo, como ahora, y me encantaba escuchar embobada a los que eran mayores que yo y argumentaban por extenso sobre cualquier tema, de forma que esas tardes "after work", que diríamos ahora, eran mi particular universidad cotidiana.

Aprendí mucho y hablé poco en esas reuniones. En ocasiones, los más jóvenes formábamos un subgrupo comentando "La Guerra de las Galaxias", una película de Pasolini, una novela de Italo Calvino o de Cortázar o cualquier acontecimiento de mi ciudad, Barcelona, que se desperezaba entonces del adormecimiento franquista y comenzaba a hervir ansiosa de novedades.

Aprendíamos escuchando y aprendíamos probando lo que los mayores no se atrevían a probar. Incorporábamos como propios argumentos oídos en tertulias llenas de risas y alcohol. Tuve en esas tertulias grandes mentores, tanto entre los que me llevaban unos cuantos años como entre aquellos de mis iguales que destacaban ya por la brillantez de sus intervenciones. 

Pero la tertulia murió. La mató la televisión que inventó además la tertulia grotesca, en la que nadie escucha a nadie y todos hablan a gritos a la vez, la parodia de la tertulia de café reposada y con sagrados turnos de palabra.

Con la aparición de las redes sociales, Facebook es un remedo de las viejas tertulias, todos compartiendo los mismos vídeos, chascarrillos y frases célebres. Pero la conversación sigue herida de muerte, no aparece por ningún lado y todo está lleno de monólogos narcisistas como, por ejemplo, puede serlo este blog.

Y esa trasmisión de conocimiento tácito seguramente ha quedado relegado a las comidas de trabajo, las charlas junto a la máquina del café y los cofee-break de jornadas y sesiones formativas.

Y es en esos espacios informales donde poner en marcha un programa  que permita recuperar la conversación como sistema de desarrollo personal y profesional al viejo estilo de la mayéutica socrática. Aunque ya no está tan clara la división entre mentores y aprendices.

También las reglas del juego en las organizaciones han cambiado y esa división entre "seniors" y "juniors" tampoco existe ya, y conviven en nuestras empresas hasta cuatro generaciones con diferentes estilos de trabajo, valores y tecnologías. Sin apenas contrataciones, con las plantillas envejeciendo, los jóvenes emigrando, etc..., las viejas reglas del mentoring siguiendo la definición de HarvardEl ofrecimiento de información o guía que hace una persona que tiene experiencia y habilidades en beneficio del desarrollo personal y profesional de otra persona, nos sirven a medias. En muchas organizaciones sus profesionales llevan años de antigüedad a sus espaldas y poseen sobrada experiencia sobre el desarrollo de sus tareas, lo que nos obligará a añadir a la definición... "en caso de cambio de posición, promoción profesional o al iniciar un nuevo proyecto sobre el que no se tiene experiencia anterior". 

Ahora lo que nos interesa es el llamado Mentoring entre iguales o Mentoring de desarrollo, en el que la jerarquía no es importante, es la brecha de experiencia lo que importa. Se trata de una asociación para el aprendizaje en la que personas con diferentes niveles de experiencia pueden lograr nuevos aprendizajes, nuevos puntos de vista y crecimiento personal en una relación "win-win" de intercambio de experiencias y apoyo.

Ya no aprendemos como antes. Casi nuestro último recurso es apuntarnos a un curso presencial, ni siquiera gratuito, porque lo que es gratis no tiene valor... Tampoco de pago porque antes prefiero gastarme el dinero en cualquier otra cosa... 

Antes que inscribirnos en nada saltamos de vídeo en vídeo tutorial de YouTube para llegar a la conclusión de que el mundo está lleno de introducciones a cualquier tema. Revisamos minuciosamente los estantes de la Casa del Libro y ningún título nos atrae lo suficiente y además estamos perdiendo la costumbre de leer en papel nada que no sean novelas.

Revisamos nuestro muro de LinkedIn, nuestras alertas de Google... con la esperanza de encontrar el artículo milagroso que arroje algo de luz sobre lo que necesitamos saber... introducciones de nuevo cuando no propaganda o autobombo.

Navegamos en fin, de página web en página web, entrando en esa habitual espiral de la dispersión y la superficialidad que caracteriza la búsqueda "al buen tun tun" en Internet.

Y por fin damos con la clave: -Seguro que Fulanito sabe de esto, me dice dónde buscar, me explica aquel proyecto suyo que tanto se parece al que voy a iniciar..., seguro que puede ayudarme-, PEER MENTORING. Y de forma natural organizamos sesiones de PEER MENTORING espontáneo en las comidas de trabajo, las charlas junto a la máquina del café y los cofee-break de jornadas y sesiones formativas.



En el mentoring entre iguales los participantes se intercambian frecuentemente los papeles de mentor y mentee ya que ambos parten de similar experiencia, edad, responsabilidad o jerarquía. Se trata de evitar el mentoring de patrocinio para poner el énfasis en el empoderamiento del "mentee" (ambos participantes se convierten en "mentees" o "mentores" dependiendo de sus necesidades) para que obtenga el apoyo y la ayuda necesarios para desarrollar actividades y proyectos por sí mismo y de esta manera mejorar su desempeño, desarrollar sus habilidades y maximizar su potencial

Es fundamental al iniciar un programa de mentoring la formación intensiva tanto de los mentores como de los mentees en el sentido de no dejar a la propia iniciativa y habilidad particular el proceso. Todos hemos sido o hemos tenido un mentor espontáneo, alguien al que hemos acompañado o que nos ha acompañado en un proceso de cambio desde la experiencia de un proceso similar. Pero eso no garantiza de ninguna manera el éxito del proceso de mentoring. 

Para que un proceso de mentoring sea útil a mentores y mentees, debe seguir las pautas y metodología que garanticen el crecimiento personal y profesional de ambos, debe partir de un pacto explícito en cuanto al reparto de papeles y los deberes, objetivos y retos del proceso. 

Garantizada la profesionalización del proceso de mentoring, la conversación, el debate, la reflexión y el crecimiento personal fluirán de nuevo.




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