lunes, 9 de noviembre de 2015

Transhumanismo madurescente. Reinventar el presente, reinventar al ser humano.

Imagen: +Humans exposición en el CCCB

El futuro pertenece a una clase diferente de persona con un tipo diferente de mente: artistas, inventores, narradores. Pensadores "cerebros derecho" creativos y holísticos. A Whole New Mind, Daniel H. Pink

Salgo del Centre de Cultura Contemporànea de Barcelona con una cierta desazón. La exposición +Humans roza el límite de lo que significa ser "humano" y nos pone de forma cruda frente a lo que se nos avecina en un futuro muy próximo en el que la simbiosis con las máquinas parece inevitable. Medio robots, medio humanos, transhumanos, más que humanos...

La conversación posterior con mi amiga Nina es todavía más inquietante y nos lleva hasta nuestro propio proceso de maduración y nuestra relación con prótesis y dispositivos que amplían nuestros recursos: chips, gafas, pulseras, relojes, ropa, exoesqueletos, mascotas/robot..., conectados con nuestro smartphone, conectados con la "humanidad", que abren un abanico inmenso de posibilidades de ampliar nuestra información y nuestras relaciones y por lo tanto nuestras expectativas de supervivencia y crecimiento personal. 

Pero sobre todo nos permiten situarnos plenamente en el presente, dejar de esperar. Y es que los babyboomers pertenecemos a la cultura de la espera, la promesa de una vida mejor en el futuro que nunca llega:

Espero, siempre he esperado a que sucediera el milagro: a que me tocara la lotería, al príncipe azul, a la fama y el éxito, a que el tiempo arreglara un conflicto, un error, un dolor. Esperamos que cambie el tiempo, que las cosas se calmen... que todo cambie y que "al final" seamos felices y comamos perdices... o sea, alcanzar la vida plena al morir, en el paraíso perdido, en el cielo particular de cada cultura, de cada religión.

De esa manera aceptábamos con resignación un "presente de la escasez" por definición, aceptábamos la realidad mediocre y gris ante la promesa de un futuro mejor más allá de la muerte en donde no existe ni el dolor, ni la tristeza, ni la pérdida. 

Y, sin embargo, a nuestro alrededor todo cambia continuamente y nos quedamos en el umbral de nuestra vida y mientras esperamos vemos pasar por nuestra puerta oportunidades, nuevas amistades, nuevos escenarios que nos permitirían pasar a la acción y meter por fin las manos en la masa, pringarnos de realidad y de presente hasta los codos y construir nuestra propia catedral.

Paseo mis ojos ante la realidad aumentada, la manipulación genética, la protética cyborg, la tecnología háptica... y en cada sala de la exposición descubro una nueva manera de interactuar en el presente con el entorno, con los otros para intensificar la vida, la vivencia del presente...

Seremos presente, dejaremos de estar a la espera, deberemos reinventarnos cada día, adaptarnos cual camaleones al entorno siempre cambiante, tener deplegadas nuestras antenas cyborg para poder leer los nuevos signos, las nuevas leyes de la naturaleza.

Nuestra relación con robots y máquinas nos permitirá alcanzar el sueño incumplido generación tras generación: longevidad, sabiduría, creatividad... más que humanos, semidioses.
H+