lunes, 30 de marzo de 2015

#FOW El futuro del trabajo: humano, muy humano


Tengo una amiga que coge la mano de Angelines de 92 años y le canta suavemente al oído: "me importas tú, y tú, y tú, y solamente tú..." y a Angelines se le llena el rostro de lágrimas y sonrisas.



Y tengo otra amiga que ha adoptado un cachorro lazarillo durante su entrenamiento para podérselo entregar a Pablo, ciego de nacimiento, perfectamente adiestrado.

El mismo Pablo que es fisioterapeuta muy reputado porque sus manos reconocen con una sensibilidad extraordinaria, contracturas, nudos y tensiones.

Y tengo un amigo que analiza con ojo crítico miles de datos y prepara informes que resumen tendencias y anticipan problemas. 

Y mi amiga de la facultad, de cuando estudiábamos filología, se inventa preciosas frases motivadoras que luego aparecerán en tazas, camisetas, delantales...

Y tengo un amigo que tiene unas manos de oro. Es magnífico con la madera, con el hierro, con el plástico, todo lo que toca se convierte en sus manos en un objeto hermoso y útil. Ahora está emperrado en resucitar viejos oficios casi extinguidos y talla mascarones de proa para barcos de vela, inventa artísticas grecas y cenefas para estampar en tela, teje en mimbre paragüeros, lámparas y baúles, recicla y sopla botellas de vidrio con las que hace nuevos e insólitos objetos...

Y tengo un amigo cuentista que las tardes de los domingos nos reúne frente a una copa y una tapas y desgrana con maestría de actor una historia tal vez entresacada de Las Mil y una Noches, tal vez de un blog.

Y un amigo de la infancia aficionado hasta casi la locura al aeromodelismo declara que quiere ser piloto de drones, mientras que un conocido mío trabaja para cuatro compañías simultáneamente en cuatro proyectos que nada tienen que ver entre ellos, lo que le obliga a desarrollar cuatro "oficios" a la vez.

Conozco a un antiguo alto ejecutivo de una multinacional que después de cientos y cientos de comidas de trabajo con clientes, se ha convertido en experto gourmet y crítico gastronómico de una exitosa revista de negocios y management, y recorre restaurantes y hoteles a la busca del lugar perfecto, en cualquier ciudad del país y del mundo, para una comida de negocios.

Este me ha presentado a un cocinero que trabaja en casas particulares preparando comidas y cenas para tus invitados.

En una de estas cenas conocí a jovencísima "youtuber" que explica en sus vídeos cómo sacarle provecho a cada APP (aplicación), herramienta, recurso de Internet en tu smartphone, tu tablet, tu ordenador...

Y sé de uno que ha cambiado la función que constaba en su tarjeta y de "Responsable de Recursos Humanos" ha pasado a "Responsable del Capital Humano" y en pequeño, a continuación, Gestor Social. Y en su equipo hay una persona que se dedica exclusivamente a analizar las redes sociales en las que interactúan los profesionales de la organización, la red de contactos que mantienen y la información que comparten, para encontrar nuevos colaboradores y proveedores y la mejor información sobre el sector.

Y vivo rodeada de freelancers a los que encuentro a menudo trabajando o reunidos en los espacios de coworking gratuitos que facilita el Ayuntamiento, o sencillamente en un bar que ofrece acceso gratuito al WIFI. Autónomos que trabajaban por cuenta ajena hasta hace muy poco y que, en su mejor momento profesional, han sido expulsados del sistema y obligados a una emprendeduría que nunca entró en sus cálculos, pero que es su única salida laboral porque el mercado de trabajo no quiere trabajadores maduros.

Y así seguiría enumerando nuevas maneras de trabajar... porque muy lentamente vamos abandonando la idea del trabajo como explotación: mi tiempo a cambio de dinero, para aproximarnos paso a paso, al ritmo que marcan las tecnologías, al trabajo como medio de desarrollo humano que además nos proporciona un medio de vida y un canal de participación social.

Como dice Jeremy Scribens estamos transitando de organizaciones basadas en "hacer más con menos", compartimentando el trabajo en silos con una mentalidad de déficit, hacia organizaciones con mentalidad de abundancia, centradas en "hacer más con más", conectando talentos y fortalezas, viviendo la organización como un ecosistema de participación de la comunidad conectada.

Gurúes, vendedores de humo, charlatanes varios..., nos empujan a seguir nuestra pasión, renunciar a nuestro trabajo y seguir nuestra pasión. Hablemos mejor de poner corazón en lo que hacemos, prefiero hablar de emoción y compromiso. De entregarnos a los proyectos que tengamos entre manos.

Trabajar desde el corazón supone crear un lugar, el lugar de trabajo, que se manifiesta en la creación de una cultura del trabajo basada en el "cuidado" y el "empoderamiento" de las personas.

El "lugar" del trabajo es un lugar para aprender, para mejorar nuestra habilidades y actualizar nuestra forma de pensar, para colaborar en equipo para alcanzar el éxito de nuestro proyecto común. Para crecer y desarrollarnos profesionalmente ganando influencia e impacto personal y de nuestra comunidad/organización. 

Es el lugar para desarrollar el trabajo bien hecho, para dejar las cosas mejor que las encontramos. Para que crezcan beneficios, talento e impacto.








domingo, 22 de marzo de 2015

Curiosidad, imaginación, memoria... aprendizaje


Hace años me gustaba inventar vidas a personas a las que veía por la calle, en el autobús, en un bar. Sus rasgos, su indumentaria, su acento, su lenguaje corporal me inspiraban una historia que no me interesaba contrastar con la realidad.

Más arriesgada era otra afición que practicaba con menos frecuencia: me gustaba escoger a una persona en la calle, en el metro, en una tienda y seguirla durante un par de horas. Durante la persecución recogía minuciosamente en una libreta las calles por las que pasábamos, los lugares en los que entraba y cada uno de sus actos, describía la ropa que vestía, sus rasgos y sus gestos.

Ambas aficiones se alimentaban mutuamente y trayectos reales siguiendo a alguien real, se convertían más tarde en relatos imaginarios construidos con fragmentos de verdad.

En más de una ocasión la realidad superó con creces mi capacidad de inventiva y hasta en alguna ocasión tuve que salir por piernas dado lo peligroso del momento.

Con el paso del tiempo descubres que eso que creía una afición particular, no es más que lo que nuestro cerebro hace continuamente: interpretar la realidad, completar en la imaginación, la información que no poseemos sobre un acontecimiento o una persona, hasta tal punto, que si dos personas son testigos de un determinado evento, cada una de ellas contará una historia diferente de lo que sucedió y en ambos casos, como en mi peculiar afición juvenil, mezclarán verdad e imaginación.

Desde hace tiempo está disminuyendo mi curiosidad por las vidas ajenas. Tengo que realizar verdaderos esfuerzos de voluntad para que me interese el relato de alguien. En contadas ocasiones seguiría a alguien por la calle porque ha despertado en mí el deseo de saber más sobre él, sigo mal el hilo de historias insustanciales.

Tal vez no tiene que ver sólo conmigo... Observo detenidamente a las personas que se sientan solas en la terraza del Zurich, (ese bar que parece especialmente pensado para observar la fauna que se encamina hacia Las Ramblas de Barcelona), ninguna de ellas, hoy por lo menos, mira a los demás, la mayoría observa atentamente la pantallita de su smartphone.

De la misma manera que parece que ya no miramos escaparates, ni monumentos, ni edificios singulares, sino que los fotografiamos incesantemente, pero no para conservar esas fotografías en álbumes de recuerdos y así revivir el viaje, la experiencia, sino para compartirlo con nuestro círculo de seguidores, amigos, contactos... online, ya que, de hecho, son fotos que no volveremos a contemplar. Ahí están, en la memoria de nuestro smartphone, que no en la nuestra... no volveremos a ellas como volvíamos a abrir esos álbumes en que se guardaban las fotos entre hojas de papel cebolla.

Despertar el interés: Recuerdo con una sonrisa en los labios las hormigas recorriendo mi estómago ante la expectativa de un suceso novedoso. Es la ilusión... que llena nuestra cabeza de historias futuribles sobre lo que acontecerá, imaginamos escenarios y actitudes, conversaciones y nuevos protagonistas que transformarán nuestro pequeño mundo.

Imaginamos las cosas antes de conocerlas y el conocimiento tiene que ver con hacernos preguntas continuamente, no porque esperemos respuestas, ni revelaciones, sino porque enunciar nuestras dudas hace que se dispare la espoleta de la curiosidad que es el motor del aprendizaje... Por qué, dónde, cuándo, cómo..., entreabrimos así la puerta  de la investigación, de la indagación que nos llevará a formularnos nuevas preguntas y así.. "ad infinitum".

La curiosidad nos encamina hacia el sendero de lo prohibido, lo oculto, lo peligroso y cuando nos dejamos invadir por el temor saltamos al vacío, porque cuando más miedo te da saltar..., es cuando saltas.


Imagen: Claroblog

miércoles, 18 de marzo de 2015

Todos tendremos que hacer como Don Quijote: la revolución madurescente

Ilustración: G. Doré

"Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años." Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Cap. 1


Y Don Quijote abandona lo que había sido  su vida hasta entonces y comienza lo que el Dante llamó "Vita Nuova"... Así que podemos también entender "El Quijote" como la historia de la crisis madurescente de un hidalgo aburrido de la vida rural y que comienza una "vita nuova" en un último intento por convertir su vida en una aventura apasionante.

Y visto así, se nos antoja más próximo y real y entendemos su locura mucho mejor que la maravillosa excusa de Cervantes de que la mucha lectura de novelas le "secó el cerebro".

Recibe varios nombres, como por ejemplo, "Demonio del mediodía" (por el aburrimiento que sentían los monjes después del almuerzo) o "síndrome de Gauguin" (por la decisión que tomó el pintor de dejar su entorno familiar y marcharse muy lejos) y hace referencia a la huida hacia adelante, a los grandes cambios personales, laborales y/o familiares que toman las personas al llegar a la madurescencia (alrededor de los cincuenta años) tras hacer un balance negativo de su vida hasta el momento.

Se trata de una crisis de personalidad experimentada alrededor de esa edad que provoca un deseo de algo nuevo que nos devuelva la ilusión por vivir. Es la crisis de la MADURESCENCIA.

Como dice G Montero en su magnífica ponencia: "Enfrentando el dolor por la madurescencia", los adultos realizamos un ímprobo trabajo psíquico cuando dejamos de ser necesarios para el plan de la especie (la reproducción) e iniciamos el envejecimiento.

Si en la adolescencia sorteamos una serie de pruebas de iniciación para ser considerados miembros adultos de la sociedad en un viaje de ida (como explica Joseph Campbell en El héroe de las mil caras, hablando del viaje del héroe), la madurescencia indica el momento de iniciar el camino de vuelta, el retorno o "catábasis", un descenso a los infiernos del que saldremos "humanizados", poseedores de una nueva sabiduría de la vida, algo valioso para compartir con otras personas.

Tanto en la adolescencia como en la madurescencia se produce una revolución significativa en nuestro cuerpo (cambio metabólico, fisiológico y hormonal), pero en la madurescencia junto a las primeras señales de envejecimiento: canas, arrugas, pérdida de tono muscular, suelen acontecer situaciones que acentúan la crisis madurescente: síndrome del nido vacío, envejecimiento, enfermedad o muerte de los padres, enfermedad crónica o incurable, muerte de coetáneos... y pérdida de la fertilidad.

Este panorama, como a Don Quijote, nos empuja a reinventarnos para salir del "más de lo mismo" y superar la sensación de que nos queda poco tiempo.

Y esta mañana, escuchando a Nekane Rodríguez de Galarza, directora general de Lee Hecht Harrison España, hablando sobre el futuro del trabajo y el futuro del talento, he llegado a la conclusión de que la generación de los "babyboomers", que son los aquejados de crisis madurescente en este momento, pueden encajar perfectamente en el nuevo paradigma empresarial y social que está emergiendo si, precisamente, entran en crisis y resurgen como el ave fenix a la "vita nuova". Ellos mejor que nadie necesitan reinventarse para iniciar como las águilas el vuelo de renovación que les permitirá tener una segunda oportunidad para realizar sus sueños más secretos continuamente aplazados por mor del pacto social. La madurescencia nos devuelve la libertad.

El futuro económico y social pasa por el aprendizaje a lo largo de la vida, la innovación y creatividad en el trabajo, la integración, adaptabilidad y el trabajo colaborativo, magníficos retos para inventarnos una nueva profesión, un nuevo trabajo, una nueva vida con la ventaja sobre otras generaciones de la urgencia que da el saberse más allá de la mitad del camino.

Hablaba Nekane de que en Europa en el 2020 habrá 73 millones de puestos vacantes debido a la gran crisis demográfica que vivimos, y que tiene visos de empeorar ya que nuestros jóvenes no encuentran trabajo y por lo tanto no se independizan ni procrean, y permanecen en un estado adolescente permanente que no se resuelve. Por otro lado la población europea envejece sin remedio y en paralelo además se alarga (¿alcanzaremos los 100?) la esperanza de vida. Muchos de esos 73 millones de puestos de trabajo será ocupados por máquinas y robots y muchos por golden workers, trabajadores que rebasarán con mucho la tradicional edad de jubilación.

Lo que las máquinas no puedan hacer es lo que nos tocará hacer a los mortales. Y hay que prepararse para ello, hay que, como Gauguin, salir de nuestra zona de confort e iniciar la aventura en un entorno extraño y a veces lejano a nuestro hogar de siempre, hay que calzarse las botas de siete leguas y hollar caminos nuevos y aprender a cada paso para disfrutar en el tercer capítulo de la vida de aventuras sin par en un mundo nuevo que será mejor si nosotros así lo decidimos.


Heinrich Friedrich Füger- Prometeo






miércoles, 11 de marzo de 2015

La humanización del trabajo... después de una charla de Alfons Cornella

RADICAL IS NORMAL

Las sesiones que periódicamente organiza Alfons Cornella me producen siempre una descarga eléctrica, por llamarlo de alguna manera, una sacudida cerebral (me parece muy expresiva la palabra en catalán: sacsejada), que me obliga a replantearme casi todo lo que afirmo sobre la revolución digital que estamos viviendo.

Y ha vuelto a suceder. Dos horas repletas de información, hasta el punto de sentirme totalmente desbordada, incapaz de digerir tamaña cantidad de ideas, webs, iniciativas, nuevos ingenios..., han configurado un nuevo panorama en el que parece imparable el desarrollo de la tecnología inteligente (smart), y en la que el ser humano deberá volverse más humano, o sea, creativo, intuitivo, adaptable..., para convivir con bien entre máquinas inteligentes que trabajarán para o con nosotros, que ese es el dilema.

Para convivir con las máquinas trabajadoras, el ser humano debe "humanizarse", ser el "creador", el "inventor" de un mundo mejor que permita y asegure la sostenibilidad de nuestro pequeño mundo. 

Este panorama asusta un poco y nos aferramos a las tribus, al tímido surgimiento de la economía del compartir (sharing) o colaborativa. El nuevo poder que afirma que una cosa no tiene valor si no se comparte, frente a la vieja economía de la propiedad individual. Retorna a la democracia deliberativa y al "procomún".

Y en el tránsito al nuevo paradigma empresas e individuos debemos tener dos sistemas operativos funcionando simultáneamente: en las personas, el sistema racional y el sistema emocional, y en las organizaciones, el tradicional sistema burocrático al que añadir el sistema de la experimentación (de "explotar" a "explorar").

Como resumen de una jornada intensísima me permito traducir (y pido perdón por la traducción libre en algunos casos) el manifiesto de ORG RESPONSIVE que Alfons Cornella citó en su charla y que sintetiza la actitud que frente a un mundo tecnificado debemos esperar de las organizaciones en transformación.

MANIFIESTO RESPONSIVE ORG

Todos y todo está conectado.
El mundo se ha convertido en una red gigante donde la información accesible al instante y compartible reescribe el futuro tan rápido como se puede entender. Impulsados ​​por la innovación tecnológica incesante, esta conectividad  acelerada ha creado un ritmo cada vez mayor de cambio. Como resultado, el futuro es cada vez más imposible de predecir.
Mientras tanto, la mayoría de las organizaciones todavía dependen de una forma de trabajo diseñado hace más de 100 años para los desafíos y oportunidades de la era industrial. Estructuras estáticas, equipos de apoyo y trabajos rutinarios. Los sistemas jerárquicos de mando y control permiten a la alta dirección impulsar la eficiencia y previsibilidad a expensas de flujo libre de la información, el aprendizaje rápido y la adaptabilidad.
La tensión entre las organizaciones optimizadas para la previsibilidad y el impredecible mundo que habitan ha llegado a un punto de ruptura.
Las organizaciones están luchando para mantenerse al día con sus clientes. Los trabajadores atrapados entre los clientes insatisfechos y líderes aburridos están cada vez más desilusionados y desacoplados. Ejecutivos atrapados entre los inversores descontentos y competidores disruptivos están luchando por encontrar un camino hacia adelante. Y las personas que quieren un mundo mejor para ellos y sus comunidades están buscando nuevas organizaciones para dar forma a nuestro futuro colectivo.
Necesitamos una nueva forma.
La Organización Responsive se construye para aprender y responder con rapidez, optimizando el flujo abierto de información; fomentando la experimentación y el aprendizaje en ciclos rápidos; y la organización como una red de empleados, clientes y socios motivados por el propósito compartido.

PRINCIPIOS ORG RESPONSIVE

Las Organizaciones Responsive valoran una forma de trabajar que está diseñado para un mundo incierto. Aunque todavía existen desafíos previsibles, y muchos de los principios de la era industrial siguen siendo eficaces en ciertas situaciones, las Organizaciones Responsive valoran estos principios:
Propósito sobre Ganancias
En el pasado, la meta para muchas organizaciones fue la creación de valor económico para los accionistas o propietarios. En otras palabras, "hacer dinero", y muy a menudo con un objetivo a corto plazo. Mientras que muchos han tenido un enorme éxito en esto, tiene a menudo contrapartidas: la disminución de la confianza pública en las organizaciones; acortar la esperanza de vida de las organizaciones; caída niveles de compromiso de los empleados; y dañar el medio ambiente que nos rodea.
Hoy la gente está buscando organizaciones que tienen un propósito más amplio que nada más hacer dinero. En lugar de concebir el beneficio como el objetivo principal de una organización, los líderes progresistas ven el beneficio como un subproducto del éxito. Su objetivo es hacer bien haciendo el bien. Un propósito claro y visionario - posicionamiento de la organización en el universo - reúne impresionante talento, comprometidos accionistas, socios y comunidades.
Capacitar además de Controlar
En el pasado, un número limitado de personas que tenía el poder y la comprensión necesaria para dirigir la organización y su imagen pública. El control se ejercía de arriba a abajo y la toma de decisiones estaba centralizada. La comunicación Corporativa, los departamentos de TI y los procesos rígidos controlaban lo que se decía y hacía. Cuanto más alto de la pirámide estabas, más poder tenías. Esto tiene sentido en un mundo donde un selecto grupo de personas tienen más probabilidades de tener los conocimientos y la experiencia necesaria para tomar las mejores decisiones.
Hoy,  ya no es el caso. Las circunstancias y los mercados cambian rápidamente a medida que la información fluye más rápido. Ahora las personas con la mejor percepción y la capacidad de toma de decisiones son a menudo las personas más cercanas a los clientes, en la primera línea, o incluso "fuera" de los límites típicos de la organización. En lugar de controlar a través del proceso y la jerarquía, se logran mejores resultados mediante el empoderamiento de las personas en los bordes de la organización.
Aparición sobre Planificación
En el pasado, la planificación era importante porque los costos de transacción hacían que fuera difícil cambiar el rumbo una vez que se han tomado las decisiones, los recursos se han utilizado, y las personas y los equipos se han coordinado.
Hoy en día, los planes comienzan a perder valor en el momento en que se presentan. Porque no podemos predecir el futuro, el tiempo y los recursos dedicados a la planificación son una inversión menos valiosa que los métodos ágiles que fomentan la experimentación y el aprendizaje rápido. 
Organizaciones Responsive se centran en el largo plazo, y el único plan es adaptarse al entorno en constante cambio que les rodea.
Redes más de jerarquías
En el pasado hubo tareas grandes y complejas que requerían mucha gente trabajando en ellos. Para conseguir una coordinación entre equipos, los "costos de transacción" entre personas era alto, por lo que se introdujo la figura del  Gerente. Como el número de gerentes aumentó, se creó un Gerente de la Entidad gestora ... y se formaron jerarquías.
Esto dio lugar a las instrucciones, la autoridad, el rango y el poder. Ellos refuerzan una única conexión primaria: gerente/trabajador, y permitieron un estilo de liderazgo de mando y control que fue tremendamente exitoso durante la era industrial.
Hoy en día, la tecnología y la conectividad ha incrementado nuestra capacidad de auto-organización, y nos permite colaborar más fácilmente a través de fronteras organizativas internas y externas. Ya no es necesariamente cierto que la coordinación a través de un gerente es más eficaz que la gente auto-organizándose. Trabajar en red nos permite organizarnos con muchos tipos diferentes de conexiones y una mayor autonomía.
Adaptabilidad sobre la eficiencia
En el pasado, las organizaciones compitieron por la optimización de la productividad, la eficiencia y la previsibilidad. Estos sistemas se basan en métodos e infraestructura que son inflexibles por diseño.
Hoy en día, las organizaciones necesitan ser diseñadas para el cambio y el aprendizaje continuo. En lugar de buscar la coherencia, los sistemas adaptativos aumentan el aprendizaje y la experimentación, con la esperanza de que una nueva idea, producto o método será el que necesitamos en el nuevo mundo.
Transparencia sobre Privacidad
En el pasado, la información fue la moneda de poder: difíciles de conseguir y se esfuerzan por difundir. En el entorno de la era industrial, las organizaciones vigiladas información cuidadosamente, y aprovecharse de su información como ventaja competitiva.
Hoy en día, tenemos acceso a tanta información que se ha convertido en imposible predecir qué información podría ser útil, o que podría utilizar esa información de una manera productiva. En este mundo de abundante información y conectividad, los beneficios potenciales de confiar en la gente que comparte el propósito de la organización para transmitir información como mejor les parezca, generalmente superan los riesgos potenciales utilizar de forma contraproducente información abierta.

jueves, 5 de marzo de 2015

Trabajando en voz alta: flipped clasroom y aprendizaje adulto

El educador mediocre habla. El buen educador explica. El educador superior demuestra. El gran educador inspira. William Arthur Ward.

Los adultos senior, los Golden Workers, estamos muy acostumbrados a las tediosas clases magistrales para conocer una nueva política de la empresa, una nueva herramienta de trabajo, un nuevo proceso que poner en marcha. Estamos tan acostumbrados que podemos asistir a sesiones de 5, 6 y hasta 8 horas de duración sin intentar asesinar al ponente que no calla... ni debajo del agua. De hecho nos produce un cierto fastidio cuando se nos pide trabajar en grupo o realizar una dinámica, es mucho más confortable dejar volar la imaginación, dibujar figuras geométricas, jugar a escondidas al CandyCrush o intentar dejar la mente en blanco en busca del nirvana.

No importa lo necesario que sea para nuestro trabajo el tema que se aborda en la sesión, resistimos aproximadamente unos 20 minutos hasta perder totalmente nuestra capacidad de atención y concentración. Y lo más triste: el ponente lo sabe y nota incluso en su piel la desconexión que se está produciendo, siente en sus carnes cómo se alejan los asistentes en busca de mejores aventuras que les brinda su imaginación.

Los expertos estiman que el tiempo que un adulto puede permanecer atento a un discurso es de 20 minutos aproximadamente y que su atención empieza a decaer a los diez minutos. 

Si añadimos a eso que internet nos ha vuelto impacientes y saltamos de web en web, de fragmento en fragmento, incapaces de quedarnos por un tiempo paladeando la palabras, consumiendo sin parar pedacitos de información inconexa, olvidando la reflexión, la vuelta atrás, el repasar un concepto que se nos resiste, que ya no subrayamos ni seguimos con el dedo..., en fin, que si lo extendemos a nuestras clases presenciales, los tiempos de oratoria, magistralidad y lectura de powerpoints deben ser necesariamente muy, pero que muy cortos, a imitación de los breves mensajes de Twitter, los vídeos de gatitos de un minuto en YouTube o la frase rápida a un contacto de Facebook deseándole feliz cumpleaños.

El formador debe fundirse con el grupo frecuentemente. Al estilo de los antiguos maestros oradores, sus palabras deben ser la llave que abra las mentes de los asistentes, debe inspirar para que sea el oyente el que se ponga manos a la obra, el que entre en acción. y se erija en el protagonista de su proceso de aprendizaje.



"Do it Yourself", DIY es la consigna y si lo es de forma colaborativa, mejor.

Hace poco realicé una prueba en este sentido reforzando además mi creencia de que la mejor manera de aprender algo es enseñándolo a otro.

En la última parte de la sesión, acabada la exposición y el taller de aplicación, indiqué a los participantes que escribieran en un post-it aquella idea sobre la que quisieran profundizar, la duda que les hubiera quedado sobre cualquier parte de lo tratado en la sesión, o indicaran una herramienta que quisieran analizar más a fondo.

Una vez todo el mundo hubo aportado su cuestión, las intercambié de forma que cada persona tuviera en sus manos el post-it de otro participante. Se organizaron por parejas, conectaron sus smartphones, tabletas, portátiles..., y les pedí que entre los dos resolvieran la duda o ampliaran la información solicitada.

Realizado el ejercicio, fueron resueltas por supuesto todas las dudas planteadas y devuelto el post-it con la información añadida a quien había formulado la consulta.

Lo interesante del ejercicio, cuando les solicité feedback, es que gran parte de las personas del grupo creían desconocer la respuesta que se les solicitaba. El hecho de trabajar en parejas les había empujado a buscar la mejor explicación posible y, junto a la posibilidad de acceder a información a través de internet, les había convertido en expertos en el tema en un tiempo récord.

Aprendieron enseñando y dispararon la espoleta de la curiosidad y muchos de los participantes afirmaron que seguirían indagando y profundizando en el tema que les había tocado resolver.

Comentarlo y explicarlo a otra persona hacía más fácil la comprensión del asunto. Es lo que se llama "trabajar en voz alta" que nos permite aprender entre colegas, aprender enseñando.