lunes, 25 de abril de 2011

Estambul en la retina

Estambul en la retina... Y ahí permanecerá seguro durante un tiempo. Todos los viajes alteran nuestra percepción del mundo y éste no ha sido diferente. Aunque haya vivido casi exclusivamente el Estambul de los turistas y no me haya acercado ni a los imponentes rascacielos que se vislumbran más allá de la plaza Taskim, ni a los suburbios de la orilla asiática, desde el centro de la historia de Grecia, Roma, Bizancio y el imperio otomano, algo se impregna de la Turquía actual.

El viaje me ha dejado una semana sin internet, ¡todo lo que me he perdido, seguramente! pero sin duda ha sido bueno para mi salud mental, como también lo es convivir con alguien (Nina es una estupenda compañera de viaje) durante una semana 24 sobre 24 horas.

Importante ejercicio sino quiero convertirme en un ser completamente asocial. Es muy difícil para mí en estos momentos prescindir, aunque sea por pocos días, de mi espacio de intimidad y soledad en el que estoy tan a gusto y aunque reconozco que la convivencia es imprescindible para el equilibrio mental, lo único que añoro cuando estoy fuera de mi casa de viaje es la soledad y los momentos de concentración silenciosa con un libro en las manos, frente a una pantalla o escribiendo.

Me gusta, eso sí, deambular por una ciudad casi desconocida y apenas recordada hasta dominarla, hasta entender su lógica, su orden y sus ritmos (tardé tres días, por ejemplo, en descubrir las máquinas expendedoras de fichas (jetons) para el tranvía), sus horarios, sus tabúes y permisividades.

Estambul es una ciudad en cuesta, rampas, repechos, subidas infinitas y por eso es tan fácil sentir/ver/oler el mar, los tres mares que la rodean. La presencia del mar es casi permanente y se trata de un mar habitado, lleno de barcos. Hay momentos en los que parece que hay más tráfico en el mar que en tierra y por la noche el Bósforo y el Mármara se iluminan por una multitud de barcos que van y vienen sin parar nunca.


Recordé mientras cruzábamos el Bósforo hasta la orilla asiática los versos de Espronceda de             La canción del Pirata:

...y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul.


Los azulejos de Topkapi, la grandiosidad de Santa Sofía, la elegancia de la Mezquita Azul y la de Solimán, el placer del baño de espuma en el hamman de Cermenlitas y los mares de Estambul.