domingo, 29 de mayo de 2011

Midlife: Mejorar un viejo producto o crear un producto nuevo



He llegado a la aterradora conclusión de que soy el elemento decisivo. Es mi enfoque personal el que crea el clima. Es mi humor diario el que determina el estado del tiempo. Tengo un gran poder para hacer que mi vida sea triste o alegre. Yo puedo ser una herramienta de tortura o un instrumento de inspiración. yo puedo humillar o inspirar, puedo herir o curar. En todas las situaciones, es mi respuesta a lo que ocurre la que decide si una crisis va a exacerbarse o mitigarse, si una persona va a ser deshumanizada o humanizada. Si tratamos a la gente como lo que debieran ser, vamos a ayudarles a ser capaces de convertirse en lo que pueden ser.

GOETHE  (1749-1832)

Dice Clayton M. Christensen que el innovador siempre se plantea un dilema: Mejorar un viejo producto o crear un producto nuevo.

Cuando por las mañanas al levantarme me miro en el espejo, antes de la ducha, sigo viendo a la adolescente que fui: los mismos temores, las mismas obsesiones, la misma forma de revisar las tareas pendientes del día, el mismo ritmo en el despertar... Ha cambiado el envoltorio y el entorno: no estoy en el cuarto de baño de casa de mis padres, no llevo el pelo corto, no desayuno lo mismo, y tardo casi media hora más que entonces en mi ritual higiénico diario. Pero ahí, en el espejo, estoy yo.

Tal vez mi cerebro tiene algunas cicatrices y tatuajes, algunas heridas y marcas, pero sigo siendo tan vulnerable como a los 14 años y busco la aprobación de los que me rodean, una caricia por piedad... Busco el aplauso, la admiración, el mimo que me es tan necesario para sobrevivir.

La vida que he escogido desde hace un año me facilita bastante ese reconocimiento. Me expongo en público mucho más a menudo que antes y eso, aunque me estrese un montón, me proporciona muchos momentos de placer. Sigo siendo una analfabeta emocional por más que lea sobre ello y me da el vértigo a la que entro en relaciones personales que nada tienen que ver con mi vida profesional. Salgo huyendo como alma que lleva el diablo, tengo pánico a la intimidad, a la exhibición de mis vísceras, a la proximidad física.

 Y esa es la reparación que me falta por hacer para que la vieja Laura se reinvente del todo. Duro trabajo, tan duro como mi reinvención profesional.