lunes, 2 de abril de 2012

De la nómina a la factura, de empleada a profesional independiente: el fin del trabajo tal como lo conocemos



Soltarse de la mano de la empresa e iniciar un camino autónomo, emprender el camino de la autonomía personal y financiera, debería ser una etapa necesaria, la etapa de culminación de la carrera laboral de cualquier profesional. 

Esa deseable liberación se ha convertido, gracias a los tiempos económicos que corren, en un emprendimiento forzoso por la continua, sistemática y cruel destrucción de empleo, lo que hace a muchos repetir la españolísima frase "vivan las cadenas", un deseo que se convierte en una búsqueda desesperada de un inexistente puesto de trabajo, en lugar de dirigir toda la energía a aunar trabajo y pasión, afición y oficio, ocio y negocio. 

Según el informe del GEM Global Entrepreneurship Monitor, el emprendimiento forzoso aumentó en España aun 36% respecto a 2010 afectando sobre todo a mujeres y mayores de 50 años.

Y digo afectando porque no se trata en estos casos de una decisión meditada, un deseo de crecer y mejorar la vida laboral, sino de un emprendimiento por necesidad que se vive como una desgracia, cuando no como un fracaso.

Y hablamos de mantener la "empleabilidad" y para ello gestionar nuestra "marca personal" para encontrar "empleadores" en lugar de mantener nuestra "creatividad" y "expertise" para encontrar "clientes".

Incluso dentro del seno de las empresas parece que empieza a ser tendencia una creciente autonomía del personal, una organización cada vez más "redárquica" hasta el punto de externalizar el máximo de procesos, establecer relaciones laborales temporales por contrato o servicio puntual y adelgazar su estructura a menudo hasta la extinción para pasar al "management by out", la venta de una parte de la empresa, de un servicio, de un producto, de un proceso, a un profesional, que de esta manera de empleado se convierte en empresario, casi siempre unipersonal: autónomo.