miércoles, 16 de enero de 2013

Aprendizaje Intergeneracional: las conversaciones.

Artesanos del lenguaje, maestros.


conversaciones de sobremesa Rosillo
De pequeña adoraba escuchar las conversaciones de los mayores, me gustaban muchísimo las sobremesas en casa de mis padres, con mis primos, amigos, amigos de amigos, parientes varios, con los que se hablaba desde la hora de comer hasta bien entrada la noche... de política, de filosofía, de religión, de cine, de libros, de música, de cualquier cosa de las que no se puede hablar ahora..., alrededor de una mesa cargada de café, copas y cigarrillos, y de avellanas, almendras y nueces para matar el gusanillo.

A mi padre siempre le gustó incluir a los niños en las conversaciones de los adultos, no como se hace ahora, situando al niño en el centro de la conversación, protagonista y tema de conversación, sino situándonos en la periferia, aprendiendo a escuchar diferentes opiniones e interviniendo solamente cuando la sangre te hervía y apasionadamente querías defender un argumento, dar una opinión, pero nunca siendo el centro de la conversación. Había que ganarse el respeto y la palabra y me lo pensaba muy mucho antes de intervenir y hacer un ridículo espantoso, buscaba y rebuscaba hasta dar con el argumento incontestable (eso creía yo), la afirmación rotunda, que el resto de la mesa se entretenía es desmontar, hasta que yo encontraba un nuevo argumento irrebatible.

En la mayoría de aquellas sobremesas mis hermanos y yo escuchábamos embelesados la defensa de peregrinas tesis como el anarquismo biológico que enarbolaba mi padre, o el socialismo cristiano de algunos curas comunistas que vivían escondidos temporalmente en la casa de mis padres o la aportación de la caza y de los cazadores a la conservación de la fauna y de la naturaleza en general, que argüían muchos de mis primos.

Las sobremesas eran la manera que tenían mis padres de socializarnos, de introducirnos en el mundo de los adultos y darnos armas para tener opinión, de la misma manera que aprendimos ortografía, leyendo sin parar, todo lo que caía en nuestras manos; aprendimos de tanto observar.

También recuerdo que me encantaba en la Universidad escuchar a los catedráticos más veteranos, no a los jóvenes recién doctorados sino a aquellos que llevaban toda la vida recitando poemas, entendiendo la filología como una aproximación amorosa, respetuosa a la lengua, a la palabra, dando clase en fin en el increíble y minúsculo jardín del edificio central de la Universidad de Barcelona o en sus aulas llenas de gatos. Grandes maestros del arte de vivir, eruditos oradores que enamoraban con sus palabras, que abrían ventanas al mundo y a la historia, y ante los que era un auténtico placer permanecer en silencio, bebiendo cada frase, ..., Valverde, Blecua, Riquer, Badia i Margarit, Carratalá... y tantos otros..., toda una generación de maestros que apenas ha tenido descendencia, porque hemos sustituido el arte por el pragmatismo y eso... no deja huella, aunque nos llene de información.

mis maestros Laura Rosillo


Al llegar al mundo laboral y a mi primera organización sentí por primera vez lo que era no participar de las conversaciones de los mayores y tenía que ver con la jerarquía, los jefes eran los "mayores" y no dejaban que los "júniors" nos incorporáramos a sus conversaciones, a su jerga, sino era con mucha subordinación, mucho sacrificio y muchas horas de trabajos de poca monta y mucho aburrimiento. Y entrar en el "clan" de los elegidos tenía que ver con dominar un determinado lenguaje en clave y de nuevo..., aprendí de tanto observar.

Con el tiempo descubrí que mi vocación real tenía que ver con ayudar a desarrollar conversadores, artesanos del lenguaje, personas que supieran transmitir pasión por lo que hacían, amor a su oficio y a su empresa: formadores. He dedicado muchísimas horas en mi vida profesional a la formación de transmisores de valores, mentores, especialistas, formadores, expertos cuya función fundamental fuera transmitir más que conocimiento, ese amor al oficio que caracteriza a muchos profesionales que han dedicado parte de su tiempo a "enseñar", a acompañar la incorporación a la organización de cualquier nuevo miembro, a conectar entre sí a  dos o más miembros de la organización, a mostrar a un departamento la "materia" de trabajo de la unidad de al lado...

Retomemos las conversaciones con los mayores, no me importa dónde, ni cuando... volvamos a reunirnos alrededor de una mesa, en un aula, ante una pantalla para intercambiar experiencia, conocimiento... CONVIVIR.