domingo, 30 de marzo de 2014

Wearables: De nuevo en pie y de frente vs la ropa que te espia.


Ayer paseando por la calle Balmes tuve un susto de poca importancia. Al cruzar Rosellón, me arrolló una bicicleta y me dejo como recuerdo un hermoso moratón en la rodilla y una taquicardia que no había quién la parara. La culpa fue mía, aunque algunos ciclistas en mi ciudad se crean los amos de las aceras y se salten sistemáticamente los semáforos en rojo, caminaba mirando mi smartphone, consultando Twitter. Al volver a mi paseo, después de apagar el móvil no fuera que..., centré mi observación en cuántos peatones cometían la misma imprudencia que yo. Demoledor: uno de cada tres transeuntes con los que me crucé llevaba la vista baja mirando su smartphone o unos auriculares en sus orejas conectados al móvil.



Los smartphones y tablets nos han levantado de la silla para hacernos mirar hacia el suelo, seguimos perdiéndonos el espectáculo de lo que nos rodea, seguimos concentrados en la pantalla ajenos a la realidad que podemos tocar, oler, mirar sin el filtro de una pantalla. Incluso cuando un acontecimiento llama nuestra atención, levantamos la vista para hacer con nuestro smartphone una foto que subiremos seguramente a Instagram para que forme parte de nuestra burbuja particular de información en red.

Pero hace menos de un mes en Madrid, probé las Google Glass en Expoelearning, y lo primero que pensé es que la innovación que aportaban era el conseguir que levantemos por fin la vista, que vivamos en el mundo "molecular" y nos miremos de nuevo a los ojos.



No sólo puedo volver a levantar la mirada, sino que Google Glass puede transmitir al mundo lo que ven mis ojos. Toda una revolución en el mundo del aprendizaje y la docencia.

Pero nuestra falta de educación tecnológica supone dejar en manos de analfabetos una sofisticada nave para surcar el mar de la comunicación y el conocimiento. Hemos incorporado a nuestra vida cotidiana dispositivos y herramientas que apenas conocemos y que no sabemos utilizar. Estamos al mando de un barco, nuestro smartphone, que no sabemos pilotar, en aguas turbulentas plagadas de peligros ignotos. 

Y vamos hacia la integración de la tecnología con nuestro cuerpo, no sólo por la aparición de las Google Glass, mi smartphone ya tiene la capacidad de de controlar cada movimiento que hago, puede conocer, por ejemplo, mis constantes biométricas y emitir información a un centro de salud... 


Tecnología vestible

Tecnología vestible, incorporada a nuestro cuerpo, incrementando nuestra capacidad de comunicación y nuestros sistemas de información. Mejorando nuestros sistemas de aprendizaje o convirtiéndonos en esclavos de empresas como Google que empieza a sustituir a nuestra memoria, nuestros sistemas de autocontrol y nuestros sistemas de relación... 

Urge aprender a pilotar esta nave, urge volver a poner la tecnología a nuestro servicio y no al revés, conectados sí, entre personas de carne y hueso que cooperan y construyen en red una sociedad mejor.