Transmisión del conocimiento tácito: Storytelling como experiencia social.

Yo lo único que he querido hacer en mi vida -y lo único que he hecho más o menos bien- es contar historias. Pero nunca imaginé que fuera tan divertido contarlas colectivamente. Les confieso que para mí la estirpe de los griots, de los cuenteros, de esos venerables ancianos que recitan apólogos y dudosas aventuras de Las mil y una noches en los zocos marroquíes, esa estirpe, es la única que no está condenada a cien años de soledad ni a sufrir la maldición de Babel. 
(...)
Modestamente, me considero el hombre más libre del mundo -en la medida en que no estoy atado a nada ni tengo compromisos con nadie- y eso se lo debo a haber hecho durante toda la vida única y exclusivamente lo que he querido, que es contar historias. Voy a visitar a unos amigos y seguramente les cuento una historia; vuelvo a casa y cuento otra, tal vez la de los amigos que oyeron la historia anterior; me meto en la ducha y, mientras me enjabono, me cuento a mí mismo una idea que venía dándome vueltas en la cabeza desde hacía varios días... Es decir, padezco de la bendita manía de contar. Y me pregunto: esa manía, ¿se puede trasmitir? ¿Las obsesiones se enseñan? Lo que sí puede hacer uno es compartir experiencias, mostrar problemas, hablar de las soluciones que encontró y de las decisiones que tuvo que tomar, por qué hizo esto y no aquello, por qué eliminó de la historia una determinada situación o incluyó un nuevo personaje... 
Gabriel García Márquez - Para contar historias.




Desde hace miles de años nos contamos historias para dar sentido al mundo que nos rodea y para establecer conexiones entre los demás y nosotros mismos que nos hagan sentir miembros de la tribu.

Las historias más eficaces son inclusivas, no exclusivas. Su éxito consiste en activar nuestra afinidad a través de las experiencias comunes y las historias compartidas. La conversación hace posible compartir y revisar nuestras historias con las de otros y cualquier historia es para mí más relevante si la puedo compartir y debatir de forma colectiva.

Y ahora, gracias a las tecnologías sociales, puedo mantener conversaciones globales en tiempo real de forma rutinaria y un gran ejemplo de esto que digo son los grupos de WhatsApp. Las tecnologías sociales como Facebook, LinkedIn o Twitter me permiten comunicarme a distancia con gente a la que probablemente no conozco, amplificando así mi capacidad de comunicación e interrelación con otros, permitiéndome compartir conocimiento y enriqueciendo mi propia experiencia con la experiencia de otros.

A través de las historias transferimos nuestro conocimiento tácito, es decir, el conocimiento que se construye a partir de la práctica continuada, a partir de la experiencia más la capacidad de reconocer patrones ante una variedad amplia de contextos y seleccionar la información pertinente para extrapolarla al problema ante el que nos hallamos y así construir la respuesta adecuada.



Nonaka y Takeuchi explican la necesidad de transferir el conocimiento tácito de los seniors de la organización a los juniors, esto es transferir experiencia para que el profesional poco experimentado o que se incorpora a una nueva función inserte en su propia práctica profesional la experiencia de otro profesional más experimentado y así poder construir modelos que contengan más respuestas posibles ante cualquier nueva situación.

Estos autores saben de la dificultad de la transmisión de la experiencia, del conocimiento tácito, y sugieren dos procesos que lo hacen posible: La socialización y "aprender haciendo".

La socialización supone un proceso de intercambio de experiencias, de modelos mentales y de habilidades técnicas. La transferencia de conocimiento se realiza de manera informal a través de una conversación, de la observación de los compañeros, explicando o escuchando una anécdota, una historia, un ejemplo... El conocimiento tácito puede transferirse incluso sin intención deliberada de enseñar o aprender.

Los "Golden Workers", los trabajadores "expertos", pueden ayudar a interpretar acontecimientos, entender la tecnología, gestionar el negocio o el servicio, e identificar los valores y las normas de la organización. Y esta ayuda puede ofrecerse a través del mentoring y la narración de historias (storytelling).



A través de los mentores (entendiendo siempre el mentoring como un proceso peer-to-peer, es decir, contemplando también el mentoring inverso), pueden "aprenderse" habilidades críticas, sistemas de gestión y adquirir las normas y valores de la organización.

Gran parte del aprendizaje que se produce en una organización proviene de la observación del comportamiento experto. Copiamos aquello que vemos realizar con seguridad y oficio, con "maestría" y en muchas ocasiones nos acercamos al "maestro" para que nos "cuente" cómo lo hace y tomar buena nota de sus palabras. El storytelling propone sistematizar la recogida de estas historias de práctica experta y de esta manera capturar de forma narrada las buenas prácticas que se producen en la organización con el fin de que no se pierda ese conocimiento.



Historias que explican el pasado de la organización, la carrera profesional de sus empleados, los diferentes acontecimientos exitosos o no, aquello que cambió las cosas... Historias que reflejan los valores y la cultura de la organización y forman parte del conocimiento colectivo ayudando a construir una visión compartida, dando sentido a decisiones pasadas, proporcionando un camino hacia el futuro de la organización.

Las historias profesionales nos permiten compartir conocimiento tácito, desarrollar la confianza y el compromiso, generar conexiones emocionales entre los miembros de la organización... construir enfin la inteligencia colectiva de la organización.



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