De la transacción a la interacción

De nuevo en casa, de nuevo frente al ordenador, de nuevo aprendiendo.
Ni en los momentos de mayor concentración, estoy ahora aislada socialmente. Twitter, Facebook y el chat de Google se encargan de ello.
Y esto me lleva de nuevo a una reflexión madurescente con la amenaza de la crisis navideña en puertas, que tantas veces me ha traído una profunda sensación de soledad.



2010 es el año que me ha conectado "intensamente" con un montón de gente a la que voy conociendo poco a poco y en profundidad sin verla. Puedo saber hasta el detalle sus opiniones y posturas, si tienen buen o mal día, qué comen, por dónde pasean y qué opinan de mí y mis cosas.
Creo además que con mayor sinceridad que si estuviéramos en una reunión presencial.

Los jóvenes conocen bien las ventajas de compartir, de colaborar, de interactuar. Y éstos no son precisamente atributos de mi generación, más abocada a competir, al individualismo y al aislamiento.
Habrá que cambiar a imitación de los nativos digitales el "ojo por ojo" de nuestras transacciones por el "juntos sabemos/podemos más" de las nuevas generaciones.

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