jueves, 29 de mayo de 2014

Elogio de la experiencia en la segunda era de las máquinas.

El envejecimiento sucede, la experiencia es algo que tú aportas, surge de la conciencia. OSHO - Madurez

Todas las estadísticas, todas las reflexiones de los expertos en la materia, observan machaconamente la progresiva destrucción de empleo de la última década. Y lo que es peor, muestran un panorama en el que las máquinas inteligentes, computadoras y robots, sustituirán no sólo a la mano de obra poco cualificada, sino a aquellos trabajadores dedicados a la administración y gestión de bienes y servicios. 

Esto es, la desaparición de la inmensa clase media que apareció el el siglo XX a raíz del desplazamiento de los trabajadores desde las granjas y los campos hacia las fábricas en la ciudad, y que supuso la creación de una enorme clase gerencial hasta el punto que los trabajadores que se refieren a sí mismos como ejecutivos, gerentes o directivos superan en mucho a los que se denominan obreros o agricultores (Tim Laseter, 2014).


Tanto la fábrica como la oficina se regían y rigen por la filosofía taylorista. Taylor en sus "Principios de la Administración Científica" (1911) definió a partir de la "analítica" la manera correcta de ejecutar una tarea. La evaluación de los procesos y del rendimiento hizo que emprendedores creativos, empresarios y propietarios que dirigían la producción, fueran sustituidos por gerentes con menos talento seguramente, pero que acumulaban datos y cuyo trabajo y su aportación a la empresa consistía en el análisis de esos datos. Esos datos pueden ser analizados e interpretados ahora por ordenadores y los gerentes tendrán que reinventarse y desarrollar nuevas competencias más centradas en el éxito comercial, relacional y social que en el control. Deberán desarrollar su creatividad y visión de futuro si no quieren ser sustituidos por máquinas inteligentes.

Pero nos hallamos en el momento del tránsito de un sistema a otro, en el eje de la bisagra que dará paso a una nueva manera de concebir la empresa y el trabajo. Estamos en el momento de la destrucción del empleo para ganar competitividad, de incorporar más tecnología a las organizaciones en detrimento del empleo. Se asocia crecimiento económico a sustitución del empleo estable por mano de obra flexible, o sea, contratación temporal, reducción de personal, reestructuraciones, "racionalización" de plantillas.


Los "explotados" pasan a ser privilegiados y se favorece la cultura de la sumisión en los centros de trabajo (Bauman, La modernidad líquida). Tanto empresas como trabajadores se definen por su flexibilidad. Eso significa movilidad y polivalencia en los trabajadores, adaptación permanente a la demanda y transformación continua de la producción para la empresa. Ya no podemos asociar trabajo y vocación y la carrera profesional no gira alrededor del posible ascenso sino a mantenerse en el grupo de los "empleados" evitando pertenecer al de los "excluidos" de la empresa.

Los "desempleados" se convierten en "pobres" y de esta manera salen de las estadísticas al cabo del tiempo. En paralelo y de manera sorda y pertinaz aparecen knowmads, freelances, artesanos del conocimiento, que desde el margen, como "outliers" y de forma colaborativa (sharing es el nuevo mantra) construyen el nuevo paradigma laboral.


Pero si pensamos en el nuevo paradigma, el final del proceso que nos lleve a la "segunda era de las máquinas" (La carrera contra la máquina, Brynjolfsson & McAfee) veremos el triunfo del Capital Humano como principal fuente de riqueza, o sea la revalorización del conocimiento, las competencias y la productividad aportadas por el trabajador, que no supone el rendimiento decreciente de las máquinas ya que a mayor conocimiento y adquisición de nuevas competencias, más beneficio. Aprender será el trabajo.

Y en este contexto y teniendo en cuenta además la evolución de la pirámide de edad de las sociedades tecnificadas, deberá revisarse sin duda el papel de los trabajadores senior, los Golden Workers y el papel de la experiencia en este nuevo "humanismo", humanidad que permite aprender y mejorar con la experiencia, algo que todavía no pueden hacer las máquinas.

Como explica Sennet en La corrosión del carácter, se asocia juventud con flexibilidad y rigidez con madurez. Se desprecia de forma ostensible la experiencia que se considera un lastre ya que se necesitan trabajadores inexpertos, manipulables y que acaten instrucciones sin plantearse otras cuestiones, para que la empresa gane flexibilidad.

En busca del beneficio a corto plazo, se reducen costes en la cadena de valor, que está conformada por el valor que reside en cada trabajador, el capital intelectual, y en la sociedad del conocimiento paradójicamente se prescinde de los trabajadores más cualificados debido a su edad.


Siguiendo a Sennet, los prejuicios respecto a la edad sirven a distintos propósitos: los trabajadores maduros suelen ser más críticos con sus jefes que los jóvenes, suelen ejercer esta crítica por ser más leales a la empresa, pero eso suele ser molesto para sus superiores. La lealtad, el compromiso, la capacidad de esfuerzo y sacrificio, la visión a largo plazo, son características de muchos de los Golden Workers, expertos en su área gracias a una experiencia amplia, y son valores en desuso para la empresa que busca el beneficio a corto plazo.

Empresas que faciliten el fluir del conocimiento interno, la reivindicación del conocimiento tácito que proviene de la experiencia y abra canales internos de comunicación intergeneracional, promueva espacios que permitan el mentoring y el "reverse mentoring", que ofrezcan a los trabajadores maduros nuevos retos y espacios para la innovación y la creatividad, que incorporen a sus plantillas trabajadores experimentados y con extensas carreras laborales, estarán apostando por el incremento constante del capital humano y en consecuencia del valor de la empresa.

Una mariposa no es más que un gusano con experiencia
Edgar Morin y el aprendizaje: Siete complejas lecciones sobre educación.