domingo, 13 de mayo de 2012

Arrugas , surcos, caminos en el alma: madurescencia convaleciente


Pobrezas

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no saben que son pobres.
Patas arriba

Hay fines de semana terapéuticos en los que rodeada de viejas amigas sacamos al aire para que se ventilen todos los temores, rencores, inseguridades, rabias, sospechas, sensaciones, orgullos y alegrías. Es algo muy femenino y más eficaz que una liposucción.
Vuelvo a la vida cotidiana como nueva. Ligera, liviana, casi aérea y de nuevo pletórica de energía que puedo dirigir hacia mi yo más creativo en lugar de emplear esa fuerza en autoflagelarme o meterme miedo a mí misma.

Con la madurescencia la necesidad de estas sesiones de vaciado emocional se han vuelto imprescindibles.

Porque el mentar a "la bicha", al nombrar nuestros fantasmas y demonios familiares los exorcizamos. Al nombrarlos los dominamos y podemos pasar sobre ellos, ligero, siempre ligero... como decía León Felipe

Pero siempre necesitamos razones para seguir adelante y los días que corren no están precisamente preñados de posibilidades para madurescentes, antes bien parece que en cada puerta a la que nos asomamos sea inevitable el portazo consiguiente.

Es insoportable el pesimismo reinante. Destructivo, demoledor, paralizante.

Así que hoy no basta con poner en tu cesto emocional, ganas, convicción, buenas ideas... hay que poner el alma, ese intangible que transforma en mágica, en carismática una acción tuya.

Superar la madurescencia en tiempos de depresión, de recesión tiene que ver con renacer, mudar de piel, soltar cualquier lastre: Tiene que ver con construir sin pausa una jabalina que nos lance, nos proyecte más allá y nos sirva a la vez de apoyo.

Estar vivo hoy tiene mucho que ver con dejar de "soportar" y levantar el vuelo.