Pausa y...

Es duro estar sola en esto. Muy a menudo viene a mi cabeza el horario estricto del trabajo asalariado que tan bien ordena la vida y tanto facilita el dulce pasar de los días, soñando con la libertad, culpando a jefes y colegas de la falta de iniciativa... esperando ansiosamente el fin de semana para caer el domingo en una sana melancolía.


Decidir cada día a qué hora me levanto, carecer de rutinas, es agotador y cuesta más que el odioso despertador de lunes a viernes a las siete menos cuarto durante más de treinta años.


Da vértigo vivir a un mes o mes y medio vista. Empezar cada día uno tras otro desde cero, de nuevo comenzar, de nuevo contactar, de nuevo explicar, de nuevo comentar... siempre de nuevo. Y siempre depositando la decisión en manos de otro.


Y nadie te llama si no le llamas y nadie te cita si no le citas ...


Y el camino es largo y si por casualidad alguien acompasa su paso al mío y andamos juntos un tramo, acaba asustándose por lo lento, arduo y trabajoso de cada paso y... vuelvo a quedarme sola.


Pero hay que seguir adelante sin que nos tiemble el pulso. Esa es una mis fortalezas que emerge siempre cuando me coloco al borde del precipicio:
Todo y pronto.

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