jueves, 24 de julio de 2014

Aprender hablando: reflexiones veraniegas sobre la participación en el aula

Brave4life
Acabo de ver en una TEDTalk que pasamos más de nueve horas al día sentados. Y me remuevo en mi silla... Yo debo pasar más, y casi todo ese tiempo mirando una pantalla sea del portátil, sea del smartphone,  o la tele.

En verano cuando baja mi actividad como docente, seguro que incremento las horas sentada, no sé dar clase ni hablar en público sin moverme, tengo que estar de pie, incluso con un pie roto como me sucedió el mes pasado, y suelo hacer kilómetros en cada sesión, arriba y abajo, para que el contacto visual con los asistentes sea completo y cercano.

Si la sala es muy grande, prefiero los micrófonos de solapa a los de mano, me siento ridícula emulando a un cantante. Tampoco me gustan los que te instalan en la oreja y se te clavan en la mejilla, no voy a bailar, lo prometo, sólo caminaré arriba y abajo.

Ni siquiera en esos momentos en los que debería desear que la gente bebiera mis palabras, prescindo del smartphone. Mi primera intervención siempre tiene que ver con el hahstag que he decidido para la sesión y pido a los asistentes que enciendan sus móviles e interactúen. Tengo observado que tweetear es una de las formas de atender, sintetizar y luego poder consultar las ideas más relevantes de una intervención.

Sé que una charla mía da para cuatro tweets de media, algunas para uno o dos como mucho, y eso está bien, una o dos ideas clave por charla, más no se recuerdan, ni con Twitter ni sin él.



Intento contar historias, se recuerdan mejor que los ejemplos no narrados. He comprobado cómo los cuerpos se tensan para escuchar mejor a la que comienzo diciendo...: "No sé si os conté en sesiones anteriores lo que me sucedió cuando..." No suele fallar, los que dormitan se despiertan y los que han perdido el hilo, lo retoman. 

Estoy atenta a las conversaciones en paralelo que se producen en la sala, a veces me basta una palabra cazada al vuelo para incorporarla a la sesión e iniciar de forma natural el debate, la participación de los asistentes que siempre enriquecen el contenido de la sesión.

Atiendo especialmente cuando veo que un participante le explica a otro cómo funciona determinada herramienta o sistema, pido entusiasmada que lo comparta con todos los asistentes que retoman el interés a la que se abre la posibilidad de interacción, de que cada cual cuente lo mucho que sabe sobre...

La participación poco o nada tiene que ver con hacer preguntas al ponente. La participación genuina tiene que ver con aportar nuevo contenido, ampliar y profundizar en un tema. Y para ello hay que reproducir el ambiente de los espacios informales, las comidas de trabajo, las charlas de café, etc.



A veces, se puede conseguir la participación, preguntando directamente a las personas que mantienen un diálogo en paralelo. Esos diálogos son muy molestos si nuestra postura docente es magistral, pero enriquecen muchísimo tu discurso si lo integras en tu sesión, entrando primero en un diálogo a tres bandas, siendo tú el que te incorporas a la conversación que mantenían en paralelo esos dos o tres participantes, y facilitando como moderador la incorporación progresiva de otras voces, otras opiniones, nuevos contenidos, aparcando completamente tu vanidad como orador.

Otra manera de incorporar a los participantes es pidiéndoles que busquen a través de su smartphone un dato, una referencia, más información sobre el asunto que estéis tratando. Si se lo pides a una persona en concreto es más fácil que el resto de asistentes busquen también esa información. Los seres humanos somos así, individualidades. Cuando nos dirigimos globalmente al grupo, la respuesta es siempre muy baja. Yo prefiero buscar con la mirada un cómplice que me ayude a desencadenar la participación.

Si las cosas funcionan, mi misión acaba siendo la de moderar el gallinero en el que puede convertirse un aula interesada de verdad en un tema. Dar la palabra, hacer respetar los turnos, limitar una intervención que se alarga... moderar.

Me gusta también señalar dónde pueden encontrar la mejor información, herramienta, servicio, sobre lo que se está comentando y eso exige una ardua labor previa a la sesión de "curación de contenidos" que suelo hacer a través de mis tres canales preferidos: Twitter, Scoop.it, Feedly, sin descartar la búsqueda avanzada de Google.

Proyecto esas búsquedas en la pantalla, para que la información facilitada sea realmente de rabiosa actualidad.

Mi objetivo en cada sesión es que, finalizado el tiempo previsto, los participantes sigan en sus asientos conversando entre ellos, ignorándome o no, ahora ya al margen de la programación.