viernes, 10 de agosto de 2012

La revolución madurescente: visionado de "EL CAMBIO- Dr. Wayne Dyer"


No soy una persona especialmente mística, huyo de los manuales de autoayuda como de la peste y me horrorizan los gurús orientalistas. A través de Twitter me ha llegado una película: El Cambio - Dr. Wayne Dyer... Dura dos horas, pero ha podido más mi curiosidad que la disciplina que me he impuesto este mes de agosto de navegar por internet el máximo de una hora al día, y me la he tragado entera: 120 minutos de entrevista entremezclada con varias historias de cambio. Si quitamos los mensajes trascendentes, queda una hermosa película sobre la que he ido anotando algunas reflexiones que incorporaré a "La revolución Madurescente".

Antes de los títulos de crédito de presentación ya ha llamado mi atención una frase: "No podemos vivir el atardecer de la vida con el mismo programa que la mañana" buen eslogan para lo que quiero desarrollar en el libro.

La película se desarrolla en un "refugio" frente al Pacífico, una "casa de colonias" rodeada de un paisaje marítimo salvaje, donde van a parar una serie de personajes incluidos el Dr. Dyer y el equipo de filmación de la película.

Dyer habla del TAO, Dios y los milagros, pero algunas de sus afirmaciones me resultan especialmente motivadoras.

Me recuerda que la palabra entusiasmo proviene del griego  ‘ενθουσιαμός’  y significa "tener un dios dentro". En todo proceso de cambio es fundamental poseer esa energía, ese impulso que proporciona la ilusión por vivir nuevas experiencias y ese entusiasmo debe ser más poderoso que el miedo a equivocarte.

Hablando del "ego" Dyer nos recuerda que somos educados en tres principios fundamentales que nos separan de nuestro "Dharma", de nuestro objetivo vital:
"Eres lo que tienes" Ambición
"Eres lo que haces" Competencia
"Eres tu reputación" Lo que los demás dicen que eres.

Comienza el cambio cuando pasas de la ambición a encontrar el sentido a través de un salto cuántico, una experiencia cumbre en palabras de Maslow que se describe como una experiencia intensa, sorprendente, benevolente y perdurable. Ese momento que parece mágico en el que todo aparece como una visión que explica perfectamente el mundo y hacia dónde dirigirte.

Para vivir ese momento Dyer recurre al TAO y nos habla de consentir, abandonarse, no interferir, abandonar la lucha, permitir que las cosas sucedan... ser flexible como un junco y... estar conectado a tu fuente. Y es cierto que el cambio tiene que ver con volver al origen, retomar un sueño, buscar el primer impulso. Hasta llegar a esta conexión con el momento "inicial" he estado "haciendo otras cosas" que me apartaban de mí misma.

Para componer tu propia música hay que dejar que se componga sola mientras la tocas, escuchar, prestar atención y la música sale sola. 

Y compararte contigo misma, no con los otros: "Estoy mejor que ayer..."

Pasar de conseguir cosas a ofrecer cosas... tocar la vida de alguien..., conmover...