domingo, 26 de agosto de 2012

Rompiendo la crisálida. Crisis... ¿qué crisis?

Desde que soy autónoma el concepto "vacaciones" se ha difuminado hasta convertirse en algo que les sucede a los que tienen una nómina. 

Yo ahora viajo, descanso, busco paisajes y personas nuevas, pero no hago vacaciones.

Cambiar de mar, de aire y de tierra enriquece y permite desechar células y neuronas muertas y construir nuevas sinapsis.

Huyendo del calor de este verano abrasador, he viajado con mi amiga Marta hasta la Marina de Cuyedo, frente a Santander con la playa de Somo frente al hotel y todo el Cantábrico ante mis ojos. 

Barco en lugar de autobús, paseos por la playa en lugar de tostarse tumbado al sol, y acoplarse al ritmo de las mareas, ...en el Norte se vive el mar y la playa de una manera totalmente diferente al Mediterráneo.

Y en un día de calma nos hemos llegado con la bajamar hasta una playa inmensa, una enorme lengua de arena, con la orilla plateada y el mar quieto como un plato y acerado. Se presta a la conversación reposada, a la reflexión pausada.

Eso es lo que hace la gente en la playa, conversar con los pies en el agua y la mirada puesta en el horizonte que aquí parece que está lejos, muy lejos...

El mar Cantábrico es un lugar de trabajo y observamos el trasiego de mercantes y pesqueros entrando y saliendo de la bahía.



Y hemos charlado Marta y yo de todas las expectativas, las ilusiones, las esperanzas puestas en el próximo otoño, después de este tiempo "crisálida" que supone el mes de agosto, madurescentes a punto de vuelo de renovación. 

Y es que cansa estar a la espera de que cambien las tornas, de que se invierta la tendencia y llega un punto en que no puedes retenerte más y necesitas tomar las riendas de tu vida aunque todos los indicadores sociales y económicos indiquen "recesión". 

Ni Marta ni yo estamos "recesivas", si es que la palabra existe, sino "expansivas". Y no importa darle la vuelta al calcetín y reinventar oficio y competencias, porque lo que queremos es seguir avanzando, creciendo, descubriendo nuevos horizontes, nuevas habilidades que teníamos escondidas porque la vida no siempre te lleva por el camino de lo que te es más placentero, más fácil.

Se acabó el tiempo de pensar y repensar "qué quiero ser de mayor" mientras ocupo mis días en trabajos que me son ajenos y que acabo dominando por mera repetición. Ahora toca crear, toca expresar, toca dar aquello que hacemos tan bien, aquello que traduce lo más auténtico de nuestro ser. 

Y, paseando por la playa, hablábamos de lo largo que se nos ha hecho este tiempo en "crisálida", con los sofocos y tristezas de la menopausia envolviendo nuestro presente, con la angustia que provoca el precipicio desconocido que ha abierto el cambio de ciclo, el cambio de era, con la tortura constante de los mensajes institucionales que nos han llenado de pánico al futuro, para hacernos obedientes, dóciles, manejables.

Y hasta aquí hemos llegado... rompemos la crisálida y con el fresco aire marítimo del Cantábrico comenzamos nuestro "año uno" de La Revolución Madurescente.