Desasosiego

DESAZÓN

Se me pasará... ese nudo en la entrada de la garganta, justo donde nace el gesto de tragar. 

He despertado triste, resacosa y un poco angustiada. Transtornos navideños.

Pasó la Nochebuena y ha dejado el poso amargo de todo el desamor acumulado durante este año de recesión y marcha atrás. 

Ayer emergieron todos los desprecios, las palabras feas, los silencios, los ninguneos y las soledades desde el fondo de una copa de vino del Montsant. 

Se concentraron en una tontísima pelea familiar, un típico enfrentamiento generacional que me dejó desarmada y desolada ante la evidencia del rechazo.

Apenas una palabra, un gesto y vinieron a mí tantos momentos difíciles este año, braceando contra corriente, salmón solitario río arriba, la fuerza de la corriente cada vez mayor, hasta desfallecer un segundo y dejarme arrastrar por el torrente de lágrimas que aguardaban agazapadas a que bajara la guardia.

Año de defendernos del miedo que aparecía en cada esquina, en cada propuesta fallida, en cada marcha atrás de cualquier iniciativa transformadora. 

Agua, agua, agua... y revientan las cañerías y dejan salir tanta amargura, tanta tristeza y las paredes de mi casa rezuman el agua de mi corazón desbordado de añoranza de los dorados días.

Y el nudo de la ansiedad ha bajado hasta la boca del estómago y aprieto las mandíbulas para no derramarme, esparcirme, diluirme en este gris día de Navidad en el que espero que llegue mañana y vuelva el rumor de la vida en la ciudad, la paz de las pequeñas cosas cotidianas, la tranquilidad de las rutinas hogareñas.

Avisadme cuando todo esto acabe, los villancicos, las sonrisas forzadas, el papel de regalo, las bolas de colores y el espumillón. Cerraré los ojos con fuerza hasta reconocer el sonido de los días laborables, y el suave deslizarse de las confortables horas previsibles... y pueda inventar un mundo nuevo, sin pasado.

Ya pasó... Me preparo para la comida de hoy, que espero dulce y reparadora. 

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