domingo, 2 de diciembre de 2012

Tiempos de redes: añoranza de la lectura

Hace frío fuera. Lo noto al tocar los cristales porque la habitación desde la que escribo está caldeada y es confortable. Pero la luz tan blanca de la calle sugiere frío y además... anochecerá pronto...

Vienen a mi memoria otras heladas tardes de domingo, hace mucho, mucho tiempo, antes de todo, en mi habitación, distrayéndome de los deberes pendientes, leyendo compulsivamente todas la novelas que mi madre encargaba al Círculo de Lectores.

Fui devoradora de libros sin filtros ni criterio, todo lo que caía en mis manos, tragaba sin piedad todo lo que contuviera una historia: 

Descubrí el erotismo en un pasaje de "El dios de la lluvia llora sobre México" de  László Passuth, deseé viajar leyendo "Viento del Este, viento del Oeste" de Pearl S. Buck, mis referentes sentimentales fueron de "Mariquita Monleón" de Rafael Pérez y Pérez a "Siddharta" de Herman Hesse. Me daba lo mismo "El Quijote" que las "Sonatas" de Valle Inclán, "La historia de San Michele" que "El árbol de la ciencia", o "Miau" de Pérez Galdós..., tardes y tardes de lectura clandestina, protegida del frío exterior, viendo llover o no, dando lo leído por vivido.

Creo que al llegar a la Universidad escogí Filología porque la imaginé llena de lectura de novelas. Algo de eso hubo, aunque mucho menos de lo que yo hubiera deseado. Aunque sí recuerdo mi única mala nota en mi carrera, porque leí dos veces "Tirant lo Blanch", pero para preparar el examen no leí ni un sólo ensayo sobre la novela y supongo que mi nivel crítico entonces era claramente insuficiente.


Las pantallas me han alejado de la lectura... Hoy hay pocas novelas en mi vida, aunque lea más que nunca, pero al parecer las vidas de otros, las vidas de ficción ya no llaman mi atención como lo hicieron en su día.

Y en una tarde de domingo como la de hoy, añoro los tiempos en que me sumergía, hasta hacer desaparecer mi habitación, la calle, el frío, el mundo, en las páginas de un libro, siguiendo los delirios de Raskolnicov o las angustias de Ana Ozores.

Paso la tarde navegando que en realidad es lo contrario de leyendo... picoteando de GReader a Scoop.it, de Twitter a Linkedin, de YouTube a una jugada de "Apalabrados".

Mi concentración no supera los 18 minutos de TED, la lectura de un post que no supere los 1500 caracteres, un artículo de diario para el que no tenga que utilizar el scroll...

Las historias se han desplazado al cine, o mejor a las series de TV donde empiezan a haber verdaderas joyas de culto o a YouTube donde se concentra la intensidad narrativa en pocos minutos.

Cambian los hábitos y las costumbres... cambian los formatos y los canales, pero yo añoro el mundo único y perfecto que mi mente creaba gracias a la lectura dominical de una buena novela.