sábado, 17 de marzo de 2012

La revolución madurescente: mujer, madura, autónoma, conectada...


Vuelvo de Sevilla llena de nuevos proyectos, sensaciones, amigos.
En la mayoría de naranjos, los botones de azahar anunciaban ya la primavera, que tiene la virtud de llenarme de fuerza optimista, para salir del remanso del invierno triste y llorón que hemos tenido.

Y vuelvo a casa, a una Barcelona que también empieza a reverdecer anunciando la primavera, con ganas de escribir sobre mi propia aventura, el periplo que comencé hace dos años y que ha renovado en mí la curiosidad, las ganas de ser mejor, más fuerte, más buena, más apasionada. Autónoma, independiente, entera, madurescente...

Quiero mirarme al espejo admirable de mujeres en la cocina, lejos de la barra, manejando con mano de hierro sartenes y estómagos agradecidos al ritmo natural de las estaciones, bacalao, espinacas... en Cuaresma, salmorejos y papas aliñás en verano, potajes en invierno y gira la rueda del tiempo y los hijos crecen y se van y... vuelven y ella sigue al frente (y qué bueno es el marido tras la barra!) y con las cuatro perras que hemos ahorrado, cambiaremos maderas ajadas por aluminio y azulejo. Mujeres emprendedoras, en voz baja, sin que se note, como si tal cosa, lejos de los relumbrones del 2.0 y la moderna emprendeduría, que es como llaman ahora a sobrevivir a los ERES, las restructuraciones y demás zarandajas de esta dura época de amenazas y miedos.




Ese es el modelo en el que me quiero reflejar, el lento, cotidiano y valiente buscarse la vida de siempre, lejos de focos y sectas de falsos gurús vendehumos y cerca de las personas que buscan caminos para salir de ese pesimismo hondo con el que nos están atando al pasado... fuera, fuera!!! Echar una mano, insuflar aliento, empujar, empujar... hasta que nuestros "negocios" marchen solos y sean la expresión de nuestra "alma".

Y ahí os dejo a una mujer fuerte...