domingo, 2 de septiembre de 2012

Entrevista a Marta Penina: Con estos mimbres, se hacen estos cestos


Entrevista a  Marta Penina para

La Revolución Madurescente:


Con estos mimbres... se hacen estos cestos. 
Llevar a LA la artesanía medieval del viejo mundo.




Me llama mi amiga Marta y como en los viejos tiempos de nuestra primera juventud, nos tiramos una hora al teléfono. Me siento algo anticuada charlando desde mi teléfono fijo que casi nunca uso y sobre todo porque ya no está mi padre para reñirme.

Ya no recordamos los tiempos de un solo canal de TV, una única línea de teléfono y de que el butano se acababa siempre cuando estabas enjabonada en la ducha.

Marta es de mi quinta, ha tenido que reinventarse varias veces a lo largo de su vida laboral. Tuvo negocio propio, empresa propia y la globalización la obligó a cerrar. Ha sido "empleada" en varias empresas como interiorista especializada en diseño de cocinas, y la experiencia acumulada ha sido su mejor seguro laboral... hasta hace tres meses. 

Su empresa le propuso que se hiciera autónoma y que pasara a facturar por proyecto, por venta realizada... Llevo meses escribiendo sobre esta tendencia, pero cada vez que le sucede esto a un amigo o a un conocido mío se me encoge el estómago y lo vivo como una amenaza a toda mi generación, no puedo evitarlo.

Marta ha dicho que no, que prefiere volver a reinventarse completamente que cambiar la relación con la empresa para la que ha estado trabajando estos últimos años. Puestos a cambiar... prefiero ser mi propia dueña de verdad, puestos a cambiar... mejor algo nuevo que me enriquezca y que me haga crecer, puestos a cambiar... miremos hacia delante y no insistamos en más de lo mismo.

Reformas laborales que parece que estimulan el despido, la destrucción de empleo. Recortes salariales que disminuyen la capacidad adquisitiva y por lo tanto paralizan el consumo... ¡no entiendo nada! 

Y, sin embargo, Marta (y yo) es optimista. De nuevo ante un reto, inaugurando una nueva etapa vital, otra aventura que hay que aprender a vivir con intensidad, ¡jamás quedarse encogida esperando a que pase la tormenta!... Salir al mundo y otear dónde están las nuevas oportunidades, analizar qué tenemos realmente diferencial en nuestra mochila y ofrecerlo sin miedo. Ataque madurescente superado.

Así que hace un mes, Marta ha decidido ponerse de “aprendiza” en el taller de un artesano cestero de los de toda la vida y reinventarse de arriba a abajo. Su objetivo a medio plazo es dedicarse a la enseñanza de la cestería y aprender lo suficiente como para encontrar nuevas aplicaciones y nuevos objetos realizados con mimbre, juncos, y todo tipo de cañas...

Esta conversación se inició por teléfono hace tres meses y continuó en un delicioso viaje a Cantabria durante una semana del ardiente mes de agosto de 2012.

Laura - Enciendo la grabadora, Marta, y de aquí a Santander iremos hablando de lo que ha sido nuestra conversación recurrente de los últimos tiempo “la Madurescencia”, nuestra revolución personal.

Marta -  ¡Buf!, salgo de una quincena muy estresante, he trabajado duro, no sabes cómo me apetecen estos días mirando el mar y a menos de 30 grados...
Estoy agotada psicológicamente, pero por otro lado estoy como una niña pequeña ante la expectativa del próximo otoño, ante la posibilidad de iniciar una nueva vida.  La verdad es que me da mucha tranquilidad el tener cubiertos los mínimos para sobrevivir y poderme dedicar a aprender de nuevo. Aprender no es fácil, reconvertirse no es fácil, pero lo veo tan claro... 

Ha sido un año espantoso, pero estoy saliendo a flote y con nuevas ilusiones. Quiero vivir al día y a la larga alternar unos meses en Barcelona con estancias en Los Angeles enseñando mi nuevo oficio. 

Es la única manera de seguir adelante con mi pareja sin que nos destroce la distancia y skype, convivencia alterna: esto es la modernidad.

Montar en LA un taller de mimbre para hispanos. Aquí las cosas no están como para montar un negocio, así que la idea es un par de meses allí y volver..., seguir aprendiendo y de nuevo a LA.

L-  En cuanto a salir del país, lo tengo claro. Yo también quiero alternar mi trabajo aquí, en España, con viajes a LatinoAmérica. Pero, Marta, es fantástico cómo olvidamos las malas experiencias. Tu último viaje a LA aún es reciente y no fue precisamente un éxito laboral.

M - No, no me olvido, lo que hago es replantearme mi proyecto vital, volver con una oferta original, diferente, no ir a ver qué me sale, sino volver con un producto artesano, no para venderlo, sino para enseñar a elaborarlo. Docencia, no producción. Y en cuanto a mi pareja, disfrutar del tiempo en el que podamos convivir sin más exigencias. Y me rindo con el tema del inglés: hay cosas para las que sí somos mayores. El mercado latino es suficientemente amplio, así que abandono el inglés, bueno igual me examino de tercero, pero me rindo, en serio.

L - Muy “madurescente”, pero es curioso, lo normal es enseñar algo a lo que has dedicado toda tu vida, no algo que aún tienes que aprender...


M - Quiero aprender este oficio y transmitirlo aquí y allá. En LA tengo dónde impartirlo, el estudio de mi pareja es enorme. Y en cuanto a la docencia es algo muy gratificante, sobre todo si enseñas a la gente a hacer cosas con las manos, es terapéutico, es relajante, cura la “madurescencia”. Es donde quiero ir a parar. Quiero apartarme del mundo de los negocios y de los proyectos de reforma. Alejarme del estrés que supone una obra: que si el carpintero se retrasa, que si hay que cambiar de marmolista, que si el encastre, que si el biselado, que si no llegan los electrodomésticos, que si hay que incrementar el presupuesto y renegociar con el cliente..., es un continuo baile, me provoca mucha ansiedad, mucho estrés. 
No te digo que si me entra una reforma no la coja, pero no quiero entrar en competencia, sufrir porque “fulanito” se lo hará más barato al cliente. Quiero trabajar por encargo y dedicar más horas a trabajar con las manos, a ser una artesana. 

L - Una de las cosas que está provocando la crisis es que encontrarás gente que se ha quedado en paro y que hace tu trabajo con mucha menos calidad a la mitad de precio y eso está pasando en todos los campos. 

M - Por esa razón he escogido un oficio que está en extinción. El mimbre lo trabajan cuatro. No quiero competir con nadie. Mi ilusión es esta: mis manos, mi autonomía, mi conocimiento, no necesito más. Pero ya me lo dice mi pareja: quieres ir muy rápido y el aprendizaje de un oficio es un proceso lento y trabajoso, esto no se aprende en dos días, no se aprende en cuatro meses. Son muchas horas, lo sé, por eso me he asegurado techo y supervivencia, para poderle dedicar todas las horas posibles este invierno. Con muy poco sobrevivo, la verdad, estoy acostumbrada a la austeridad. Y tengo casi todo el día por delante para trabajar e intentaré dedicarle el máximo posible. En teoría estoy bien organizada, pero con tensión, con un poco de miedo a lo desconocido.

L- Creo que te lo estás planteando muy bien. Con mucha energía e ilusión, pero con ese punto de miedo tan necesario para no fabricarte una nube improductiva, esa inquietud que te da la fuerza para seguir, para avanzar. Un actitud muy “madurescente” también.

M - En cuanto al aprendizaje tengo justamente el acicate de la edad, tengo menos tiempo que una persona joven, esa es mi ventaja para aprender rápido. Pero creo que he acertado en la elección, al margen de que me encanta el material. He visto anunciados talleres de pintura, cerámica,  cocina, dietética..., pero nada sobre cestería, al margen del chico de Toledo que te presenté. Pon que haya en Barcelona uno o dos artesanos cesteros y que además hagan talleres... eso no es nada, quepo, una más cabe. Y además me gustaría, cuando tenga la suficiente habilidad en las manos, comenzar con piezas más creativas, encontrar nuevos usos, incluso figuras artísticas.

Es un camino largo, desde que haga mi primer cesto hasta que pueda crear figuras interesantes puede pasar una década.

L -Esta es otra de las características de nuestra generación. Imagina a tu padre con nuestra edad y propónle que cambie de oficio, de vida, de mundo. A los cincuenta y... empieza de cero. 

M - Imposible, impensable. Ellos, nuestros padres, se planteaban el “retiro”, la jubilación... Yo me planteo llevar una vida sin estrés, más espiritual, más cerca de la naturaleza, no me planteo dejar de ser “productiva” sino una vida que esté más cerca de mi sensibilidad, que no es lo mismo que “retirarse”, sino que tiene que ver con por fin hacer lo que me apetece. Una vida más reposada.

L - Dicen que la “madurescencia” nos permite realizar sueños que quedaron por cumplirse en la primera adolescencia, que si decidimos romper con nuestra vida hasta entonces es para retomar un sueño que no pudimos realizar.

M - Es posible. Yo de pequeña era muy hábil con las manos. Mira que era gamberra... pues era la primera en acabar las “labores”  y era buena, muy buena, no pega verdad, pues cogía un trapito y ¡hacía unas vainicas...!!!!

L- Fíjate que en mi caso yo comencé mi vida laboral dando clases, de literatura entonces, y acabaré mi vida laboral dando clases, se cierra el círculo...

M - Me hace mucha ilusión entrar en el mundo de la docencia, Laura, tener mi propio taller, al que asista gente y verlos trabajar con las manos. Ese momento terapéutico: sal de tu mundo, relájate y entra en tu parte más interna, a eso me refiero cuando hablo de docencia.

Con el artesano, con mi maestro hay buen feeling, espero que todo vaya bien.

L - Y ¿cómo te ves dentro de 5 años?

M - Leí hace poco en  “La Contra” de La Vanguardia, no recuerdo a quien entrevistaban, creo que a un sociólogo, que nos va a tocar compartir muchas más cosa que hasta ahora.  Desde el coche, el piso, la oficina, el trabajo... tendremos que compartir mucho más para sobrevivir con el mismo nivel de vida que tenemos ahora. Es bueno, creo, es esperanzador. Por ejemplo, pensando en los planes que yo tengo, no trabajar para nadie, viajar, ir y venir de LA, sería un plan perfecto compartir la vivienda, y no sólo por un tema económico, también para mantener la casa viva. Claro que es difícil pensar en con quién compartir el espacio, deberían ser personas razonables, y es posible que no existan personas razonables, pero por lo menos con intereses similares. 

L - Me encanta la idea, volver a la comuna. Me imagino un enorme espacio compartido, para tu taller, para mis sesiones de formación, para compartir comidas y películas y luego cada uno, su propio espacio de intimidad. Lo difícil, encontrar los candidatos para nuestro “falansterio”. Servicios compartidos, lavadora, cocina pero lo más alejado posible a la idea de residencia que tiene que ver con la generación de nuestros padres. Me gusta más la idea de “comuna”, tiene más que ver con nuestra generación.

M - La diferencia es que nosotras estaremos en activo, tú y yo viajando y entrando y saliendo continuamente. Estoy pensando en un espacio donde trabajar y compartir no sólo la comida y la tele, compartir conocimiento, compartir proyectos,  “cocrear” con nuestros compañeros de generación.
Y además pienso en mi hijo, que quiere probar suerte fuera de España. Es importante ver que tiene proyecto y vida propia. Lo siento muy cercano a mí, pero tiene vida propia y eso también es importante para reorganizar mi vida. Tenemos que organizarnos de otra manera. La familia en el sentido tradicional no sirve para todo el mundo. Míranos a ti y a mí, viviremos otras formas de “convivir”, con toda seguridad, que nada tienen que ver con la familia.

Sería estupendo, un espacio cerca del mar, grande y espacioso, donde tener un huerto y un lugar de trabajo, donde poder vivir en paz.