Sólo por hoy: Entrevista a Carmen Servat




La Revolución Madurescente
Entrevista a Carmen Servat: 
"KYO DAKE WA" Sólo por hoy:
 "PERDONA, SUELTA Y LIBERA"

Conozco a Carmen desde hace muchos años, las dos estudiamos Filología y pasamos un estupendo verano en la Universidad de Salamanca realizando un curso sobre Literatura española contemporánea. Desde entonces, y como el Guadiana, nuestras vidas se cruzan de vez en cuando, y cuando eso sucede y aunque hayan pasado años, retomamos la conversación como si nos hubiéramos visto ayer mismo.
Nos vimos un domingo, en el Paseo Marítimo de Barcelona, una mañana luminosa de septiembre y mirando el mar nos pusimos al día y hablamos de todo lo humano y lo divino. Lo que sigue no es más que un resumen de seis intensas horas de conversación en la que apenas apartamos nuestra vista del Mediterráneo.

Laura: ¡Qué bien te ha sentado el verano! Tenía muchas ganas de verte, no puedes faltar en mi libro… Vamos a hablar de la “madurescencia”, ¿te parece?

Carmen: Ya sabes que te sigo a través de tu blog y me gusta mucho, es inspirador. Es cierto lo que dices, cada día que pasa estoy mejor, me siento mejor… Algo tiene que ver en esto que hace unos meses que asisto a unas sesiones de Reiki que han cambiado mi percepción de la vida. En los últimos años, había llegado a la conclusión que lo bueno era crearse pocas expectativas, no pedir demasiado a la vida, para no frustrarte, para conformarte con lo que la vida te da. Pero desde que asisto a Reiki he descubierto que el mundo funciona al revés de esto: Hay que pedir mucho y el universo te dará mucho, cuanto más pides, más recibes.

Laura: Decía Enrique Vila Matas que la vida es “escasa”…

Carmen: Me gusta mucho Vila Matas, es un enorme escritor que por fin está recibiendo el reconocimiento internacional que se merece. Pero, volviendo al Reiki, déjame que te enseñe el mensaje con el “mantra” que repito cada día. Son los GOKAIS, sencillos y profundos a la vez Llevo un Smartphone algo más moderno que el que llevaba la última vez que nos vimos, no lo sé utilizar demasiado bien, pero no sabes los mensajes que guardo aquí dentro…

Los recito en catalán cada día, los estoy interiorizando también en japonés, pero en castellano sería:

Sólo por hoy,
No te enfades
No te preocupes
Con agradecimiento
Trabájate intensamente,
Sé amable y respetuoso
Sé feliz y comparte la felicidad con los demás
Y en japonés es precioso:
Ikaruna-                             
Shinpai Suna -                  
Kansha Shite -                  
Gyo Wo Hageme -           
Hito Ni Shinsetsu Ni -                                                 

Es importante aprender a vivir  sólo el presente. Estamos las dos muy bien y nos va a ir muy bien en un futuro. 

Laura: ¿Sabes la cantidad de gente con la que me encuentro últimamente que ha dejado de tener despacho, que ha dejado de trabajar, que ha dejado la ciudad...?

Carmen: Vamos hacia un nuevo mundo, mucho más solidario, por suerte. En un post de tu blog, vi la película “El Cambio” en la que entrevistan al Dr. Wayne Dyer. Me encantó. Le envié el enlace a mi profesor de Reiki porque muchas de las cosas que explica la película me están pasando a mí últimamente. La vida es una gran sorpresa indescriptible, si te dejas llevar por ella sin miedo y con consciencia. 

Laura: Pues, ¿sabes la casa de “ejercicios espirituales” que aparece en la película? Me encantaría encontrar algo así, mirando al mar y montar un “falansterio”, una casa con la C de compartir, ese es el clima que me gustaría conseguir: personas independientes y autónomas que comparten espacios de trabajo y espacios de ocio, pero con espacios de independencia y soledad... y mirando al mar.

Carmen: Te entiendo perfectamente..., es una idea fantástica. Me encanta tu idea, ya me veo mirando el mar. Allí estaremos... Si queremos que nuestra vida cambie hemos de comenzar a hacer cosas diferentes, para conseguir sanar nuestras vidas y ahorrarnos las causas que provocan el sufrimiento en nuestra existencia. La vida es cambio y se ha de fluir, tener confianza en el universo, pedir con tres condiciones: como dice mi maestro de reiki
Deseo, creencia y expectativas. Hay que pedir al universo con deseo, creyendo lo que pides y esperándolo.

Laura: Uno empieza a recibir en el momento en que se siente “sanada”. Mientras me he sentido “herida” no hay manera..., no puedo “recibir” nada. He dedicado gran parte de mi vida a preocuparme de otros, a cuidar a otros..., y hasta que no he conseguido cerrar el pasado, porque el pasado no existe, hasta que sólo he contado con el presente...

Carmen:  Es que lo más difícil es cuidar de ti mismo. Y cada vez que recordamos algo, reconstruimos el pasado de nuevo, adaptándolo a lo que estamos viviendo en el presente con ingredientes nuevos. Es verdad: el pasado no existe. Todos somos muy diferentes y a la vez muy iguales. A todos nos suceden cosas similares. Pero hay gente que no se “cura” nunca. "Curarse” es una suerte. Y a vueltas con la “madurescencia”, leí hace tiempo en “La Contra” de La Vanguardia una entrevista a Gonzalo Rojas, el poeta chileno y en un momento dado dice: “Nadando en el oleaje de las pubertades cíclicas”. ¡Qué bonito y qué cierto!

Y cuando entras en uno de estos procesos, una de estas “oleadas”, marejadas y hasta tsunamis, rejuveneces de golpe, tienes de nuevo 18 años. El lenguaje lo explica mal, pero son pubertades cíclicas...

Laura: Sí y con todas las contradicciones y las dudas y el sufrimiento de la primera pubertad. Porque el objetivo es superar la “madurescencia”, salir del remolino, del oleaje bravo, llegar a la paz, la plenitud y la aceptación de uno mismo y que mirar el mar sea lo más importante del día.

Carmen: Sin falsa modestia, Laura, yo las he pasado canutas. He sufrido en parte por el entorno y en parte por mí misma, porque no sabía hacer otra cosa, asumo todo lo que me ha pasado, pero yo cada vez estoy más cerca de esa aceptación, esa paz. He comenzado ese camino de sanación. El peso de nuestra historia lo llevamos siempre, porque es muy difícil liberarte al cien por cien, pero es que en mi caso, el peso era tan grande y ahora es tan ligero, que casi no lo noto. 

Laura: Yo creo que aún tengo que “desaprender” muchas cosas, tengo aún muchos prejuicios, muchas rutinas aprendidas de las que es difícil deshacerse, demasiadas prevenciones..., demasiadas dependencias.

Carmen: Pero ¿esto lo ves malo? Es ese trabajo cotidiano con uno mismo, irse desprendiendo... Yo siempre te he admirado mucho. Lo que comentas son pequeñas tonterías, que sólo ves tú misma. Los demás no lo ven... Los demás vemos tu fuerza, el empuje, pero no ven las dudas, los temores.

Yo he sido una gran dependiente, una gran dependiente afectiva y de otras cosas. Para que te hagas una idea, tengo mi casa llena de recuerdos, no tiro nada. Pero ahora ya lo sé. 

Lo difícil, además de darse cuenta de algo, es aceptarlo... Esa “ceguera cognitiva”... Yo había mirado muy poco hacia dentro de mí, he mirado mucho y con atención hacia afuera, pero no porque no quisiera, no había sido consciente hasta el día que las circunstancias me llevaron a mirar hacia dentro. Me sorprendió todo: soy nueva para mí. Comprendí que, en ocasiones, es más cómodo mirar hacia fuera. Estar pendiente de un hijo, un hermano, unos padres, un trabajo, cualquier cosa... Hasta que te haces consciente de tus fragilidades, de tus miedos, en definitiva de ti. La fortaleza es un escenario, nadie es fuerte siempre. Es un mensaje importante que me hizo comprender alguien.

Laura: No acabo de entenderte, Carmen, yo soy por encima de todo “fuerte”, es una característica de mi carácter, lo que antes se llamaba “presencia de ánimo” soy capaz de aguantar carros y carretas, y lo he comprobado en repetidas ocasiones. Lo vivo como una ventaja de mi carácter, soy poco frágil y eso seguramente me hace poco flexible.

Carmen: Estás contraponiendo fortaleza a fragilidad, y se puede contraponer también a inseguridad. Tú me estás diciendo que eres insegura. Hay momentos en tu vida que por muy fuerte que seas te sientes insegura.Como te decía antes, todo depende del escenario en el que nos situamos. Decía Raimon Panikkar: “¿Por qué queremos ser más fuertes de lo que somos? Yo soy débil pero si tú me tiendes la mano, si confío en ti, seré fuerte".
Así que si hablamos de fortaleza en tu caso la contrapongo a inseguridad y en el mío a fragilidad. 

Creo que tú te conoces a ti misma bastante bien, no es mi caso, yo no me conozco bien, cada día aprendo algo sobre mí misma pero aún soy una gran desconocida para mí misma. Es lo que es, es así, me voy conociendo y quiero conocerme mejor, quiero avanzar y lo que me está sirviendo de mucho a medida que me voy conociendo es que me voy aceptando paso a paso, eso no quiere decir que no intente ser mejor, quiero ir a más, quiero conseguir mis ilusiones, mis metas, mis exigencias, pero paralelamente aceptándome. Porque la mayor parte de las personas tienen una lucha de ellos consigo mismos permanente, cuando a la persona que más has de querer y aceptar es a ti mismo, luego exigete, pero primero quiérete y acéptate. 

Laura: Fíjate que planteamientos tan diferentes nos hacemos a los que se hacían nuestras madres cuando tenían nuestra edad...

Carmen: Sí, y es una gran ventaja. Mi madre tiene ahora 90 años y está estupenda. El incremento de la esperanza de vida es un regalo y en el caso de nuestra generación una auténtica suerte, porque a pesar de nuestros más y nuestros menos, nuestras inseguridades, nuestros miedos, nuestras fragilidades, hemos podido mantener activo nuestro aprendizaje, gozamos de una buena salud sobre todo “cerebral” , porque somos más los que hemos estudiado, los que hemos ejercitado permanentemente nuestra inteligencia, lo importante es que somos conscientes y que nuestra reinvención actual madurescente es con consciencia de lo que estamos haciendo. La gran diferencia entre el momento presente y mis veinte años es que ahora todo es consciente y entonces no lo era, el mundo era mío y era incapaz de reflexionar. Yo no volvería para atrás, disfruto de la vida mucho más ahora que entonces, de una paella junto al mar, de una vieja amiga, es una gozada. Y esto nos diferencia también de nuestras madres que siempre dijeron que cualquier tiempo pasado fue mejor, que la mejor época de su vida era la primera juventud. A mí me encanta la edad que tengo. ¿Estás de acuerdo?

Laura: Por supuesto y además creo que es propio de nuestra generación. Hasta ahora, la juventud era una época de la vida envidiada, rodeada de un halo de excelencia y felicidad y aun quedan muchas personas que hacen de todo para perpetuarla artificialmente. Pero en general, mucha gente de nuestra generación está encantada con la vivencia de la madurez. Yo mi juventud, mi adolescencia, la regalo, no la volvería a pasar ni por todo el oro del mundo.

Carmen:  Yo tampoco volvería al autoritarismo de mi padre. Una gran persona, con valores esenciales, por ejemplo la honestidad y el esfuerzo, valores que me transmitió. Pero también recuerdo el miedo que me daba, nunca le gustaba nada de lo que yo hacía, siempre estaba en contra de mis ilusiones, de mis decisiones. Y yo sólo era una joven vital que quería vivir con intensidad. Ahora, por suerte después de un largo camino de luces y sombras, por fin he aprendido que yo soy mi propia dueña, hago lo que me da la gana, me pongo yo los límites y las metas. Y consigo más con "humildad", y comprensión, aceptándome, que "dándome excesiva caña". Lo importante no es no tropezar, sino levantarse enseguida,como me recordaba sabiamente mi psiquiatra. El que no hace nada, tampoco se cae nunca, hay que hacer, y si haces... te equivocas. Así que no pierdas el tiempo riñéndote, arriba y ¡adelante!

Laura: Creo que llevamos mucho tiempo ya, y hablo sobre todo en el mundo del trabajo, en el que se ha premiado lo gris, lo triste, lo quieto, inactivo, dócil, todos conocemos casos de gente que es capaz de pasar meses “sin pegar sello” y no pasa nada, al revés, acaban siendo promocionados porque nunca se enfrentan ni actúan, no son problemáticos, no buscan caminos diferentes... como quieres que vaya bien este país, cuando se premia lo gris y se aparta todo lo que actúa, toma partido, discrepa, inventa...

Carmen: Y otra cosa que observo hablando de este tema, hay grandes diferencias entre los hombres y las mujeres y hablo no de nosotras, hablo de las mujeres jóvenes: creo que el mundo es de ellas. Veo mucha más fuerza, resolución, empuje, determinación en las chicas jóvenes que en los chicos. Son luchadoras, valientes, trabajadoras, inteligentes y encima se encuentran en un momento en el que la mujer está consiguiendo igualarse en derechos a los hombres. Tú antes citabas a nuestras madres. Los cambios han sido acelerados y enormes. A nosotras nos han permitido reinventarnos en la “madurescencia”, algo que ellas no pudieron. Pero las jóvenes tienen una fuerza... La verdad es que las mujeres estamos muy bien... Aunque esta valoración, no significa ningún menosprecio a los hombres. Sigo pensando que lo inteligente es buscar nuestra complementariedad en la igualdad y la diferencia.

Laura: Estamos muy bien y a mí lo que justamente me preocupa en este momento es no dispersar la energía, estar concentrada, tengo buenas ideas, grandes proyectos...

Carmen: Déjame que te diga una cosa: Yo tuve una infancia, una adolescencia y una primera juventud muy cómoda y muy fáciles, con una gran ventaja además como era lista y mi coco funcionaba, era rebelde, en clase siempre era la que decía la última palabra, quizás el único problema serio que tuve fue, como te comentaba antes,  un padre dominante y autoritario, como otros muchos de su época, que me marcó y que me creó ciertos problemas psicológicos. Pero por lo demás, mi vida iba de cara..., me enamoré de un triunfador, me casé con él... todo iba de cara...  y sin darme cuenta, todo dio la vuelta de repente: se murió mi padre, me dejó mi marido, me encontré sola con un niño de un año y sin haber trabajado nunca... todo sin que yo pudiera hacer nada, yo era una niña. Todavía no había crecido en relación a mi edad biológica.

Pero ahora me está pasando lo contrario..., al principio da cierto miedo, pero ahora soy dueña de mi vida. Ahora ya no tengo miedo, he aprendido a vivir en sintonía con la vida. En una sola palabra: FLUIR. Sólo es valiente el que ha sentido miedo, el que no lo ha sentido, es un inconsciente, dice Giorgio Nardone. Yo he pasado mucho miedo. Estos últimos meses, ha sido una historia de liberación, de gran liberación, porque te salvan los demás pero te liberas tú... Yo he pasado muchas épocas de letargo, y cada época tiene un sitio en tu puzzle. Y sólo puedo reafirmarte, con cierto orgullo y mucha esperanza, que ahora estoy viva y consciente.



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